Cultura Vintage y vanguardia artística

Salidas

De escuela de señoritas a shopping, de lugar abandonado a un espacio de vanguardia que concentra a diseñadores, artistas, músicos, tapiceros, costureras y hasta un sex shop, la galería Patio del Liceo vive hoy sus mejores días

Ubicada sobre la avenida Santa Fe al 2700, en el barrio porteño de Recoleta, tras un portón rojo se esconden los 52 locales que, con una estética entre vintage, posmoderna y con detalles prolijamente descuidados, se abren entre plantas y colores a un público ecléctico con una contundente oferta de cultura contemporánea.

La historia del lugar, desde 2008 espacio de culto, comenzó con el siglo XX, cuando una acaudalada familia porteña donó su casona al estado nacional, presidido entonces por José Figueroa Alcorta, que lo refuncionalizó en 1907 como el primer liceo de señoritas en Sudamérica.

«La escuela se mantuvo por 80 años y en 1992 se la licitó para convertirla en shopping. Cada negocio tenía su dueño, no pensaban en el bien común, hubo conflictos internos y, en medio, un juicio porque el techo del edificio perjudicaba la visual de un vecino», relató a Télam Hernán Taraman, joven abogado y dueño de 34 locales.

«Todo terminó con una deuda de 40 millones de pesos y el embargo de todas las tiendas», cuenta en el cafecito del patio abierto.

Sin agua ni luz, sucio y fantasmal, ese fue el escenario que Taraman, hijo de un comerciante de la zona, encontró cuando comenzó a comprar espacios a muy bajo precio.

«Llegué en 2005, había gente ocupando el lugar y los locales eran depósitos. Una energía muy negra, le decían la galería del terror», acotó.

En la actualidad, comprar un espacio en la galería es invaluable, aunque alquilar no es tan imposible en términos de dinero ya que por mes sale un promedio de 1.800 pesos.

«Pero hay una lista de espera de más de 100 personas», señaló Taraman, que en 2007, sin pisar la galería, ya contaba con 20 a su nombre.

El Patio del Liceo está coronado por un mural de minuciosos trazos hecho por Vicente Grondona donde se lee: «Popular de lujo, el viaje del dibujo», y algo de eso se respira en este lugar moderno pero vintage, cool, rústico y abierto a todos.

«La estética es plural —dice Taraman—, todos son bienvenidos. Hay un sex shop, galerías de arte, talleres, esoterismo, diseño o tapicería. Es una melange de plantas, sillas, obras y mucho movimiento. Cada viernes las galerías inauguran muestras».

Nicolás Barraza, diseñador y el primero en llegar, es uno de los que atrajo al público actual. «Buscaba un local barato y parecía una de esas galerías de Berlín que después de los 90 quedaron destruidas donde los artistas abrieron sus talleres. Era como un pequeño barrio Mitte».

En la planta alta, escondida, está Fe, un local de consulta de tarot, mancias y masajes que Dalia Walker abrió hace nueve meses: “la gente quiere orientación, que la escuchen y todos vuelven”, dice sobre una clientela que mayormente ronda los 30 y 40 años.

Marina Alessio llegó segunda e instaló Purr, una de las librerías más interesantes de arte contemporáneo que se cruza en perfecta armonía con una tapicería y la costurería Akiko, donde igual que el sex shop -discretamente instalado en el fondo- se recibe una clientela fija desde antaño.

«»Hay algo de la energía que trajo de vuelta a la mujeres. Este era un espacio muy violentado por hombres machos, bravos y malhumorados. Con ellas se fue pacificando»»
Taraman

Allí también funciona la redacción de Cultra, una revista cultural, una publicación de trenes de Latinoamérica y una agencia multimedia manejada por cuatro varones que son minoría en este oasis porteño donde el 90 por ciento son inquilinas.

«Hay algo de la energía que trajo de vuelta a la mujeres. Este era un espacio muy violentado por hombres machos, bravos y malhumorados. Con ellas se fue pacificando», relata Taraman.

Las galerías de arte son locales pequeños con tres o cuatro muros que bastan para que artistas de diversas corrientes muestren sus obras: Pasto, Mitte, Estudio 448, Central de proyectos y Fiebre son además materia de selección en la reconocida Arte BA.

Por otra parte, gran cantidad de talleres y ateliers tienen exhibiciones —como las de la pintora Paulo Duró—, las increíbles joyas textiles de Marina Callis, o Tatana, que combina bijouterie con animales, las fotógrafas de Santa o la comiquería Moebius.

La acción es constante: en Aires de bohemia restauran muebles, en la tienda Mercurio -una sociedad de cinco músicos- venden discos independientes y en Kuku, de Natalia Hojman, diseñan objetos cotidianos como vasos y lámparas con impronta sustentable.

Espacio Taller Imaginario

Lo comercial aquí no se debate, pues si bien hay venta de ropa como en Greens o en la papelera Monoblock, el fuerte es un aura artística.

Tras los vidrios y con las puertas cerradas está «Colección de sucesos», de Florencia Lista, una instalación estática con la frase «ni el fin ni el principio» y más allá el dinámico local que la maquilladora Jazmín Calcaran comparte con su novio artista, Hernán Paganini, una mixtura colorida de rimmel y óleos.

«No hice mucho para este milagro, todo fue sucediendo, fluye —se sincera Taraman—. Cada año duplicamos la gente que nos conoce, pero no sé si es un proyecto de arte contemporáneo que quedará en la historia de la ciudad o un espacio con tiendas simpáticas».

«La gente que viene es cool, creativa, agradable, hay una buena convivencia y eso se siente. Dicen `acá está pasando algo` y es todo de boca en boca», remata sobre el Patio que en marzo abrirá la temporada 2013.

Télam

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