La muerte la quiso perfecta

Cine

A 56 años del fallecimiento de Marilyn Monroe, los funerarios que la amortajaron revelan crueles detalles.

Por Mariana Guzzante – mguzzante@losandes.com.ar

En uno de los cuentos más hermosos de “Música para Camaleones”, Truman Capote retrata a Marilyn Monroe. “Tiene algo. Es una hermosa niña.

No lo digo por lo obvio, tal vez demasiado obvio. No es una actriz, en absoluto, en el sentido tradicional. Lo que ella tiene, esa presencia, esa luminosidad, esa inteligencia deslumbrante, nunca podría salir a relucir en el escenario. Es algo tan frágil, tan sutil, que sólo la cámara puede captarlo.

Es como un colibrí en vuelo: sólo la cámara puede congelar su poesía”, le hace decir a Miss Collier, la famosa maestra de actrices que solía llamar a Marilyn “mi problema especial”.

Esa compleja y frágil imagen que Capote compone en “Una hermosa niña” se acopla, de un modo extraño, a la foto que actualmente circula: una mujer abandonada en una camilla de autopsia. Y más morboso es el contraste, cuando se resalta que el fotografiado es el cuerpo de “la sex symbol”.

El tema es que, con motivo de algunos detalles inescrupulosos difundidos por el servicio fúnebre, se ha vuelto a hablar del cadáver de Marilyn.

La autopsia fue guardada por años en un estricto secreto profesional. Sin embargo, los dueños de la funeraria que se encargaron del traslado del cuerpo, publicaron el libro “Pardon My Hearse” (2015), en el que revelan que la estrella murió físicamente destrozada. La causa -se sabe- fue una sobredosis de Nembutal, el medicamento que le recetaba su único contacto humano de los últimos días, su psiquiatra.

Allan Abbott y Ron Haste, autores del libro, señalaron que ese cuerpo además presentaba hinchazón y moretones en el cuello. Pero no se limitan a eso: se horrorizan con el contraste. Les afecta la diferencia de esa mujer descuidada, sin dientes, con la diva voluptuosa. Como si aún muerta debiera conservar el glamour.

Como si aún en su agonía depresiva, Marilyn debiera haberse ocupado en depilarse, teñirse y acomodarse las prótesis. Claro, el país de las estrellas no quería ver a su bomba sexy convertida en una mujer real, rota. El forense, pues, hizo una reconstrucción del cadáver que le llevó varias horas para que se pareciese al ícono del cine que todos adoraban, incluso tuvo que trabajar parte de su cuello para que pareciera ‘normal’ el día del funeral.

Marilyn y la literatura

A 56 años de su muerte, la amplia colección de libros de su biblioteca da cuenta de que Marilyn era una lectora empecinada. Más de 400 títulos acopiaba en sus estantes. Probablemente leyó “Adiós a las armas”, de Ernest Hemingway, “Rojo y Negro”, de Stendhal, “Desde Rusia con amor”, de Ian Fleming, “Crimen y Castigo”, de Fiódor Dostoievski o “Dublineses”, de James Joyce. Esos son sólo algunos de los títulos que tenía en su biblioteca.

Hay textos íntimos donde Monroe asoma como poeta incipiente. En 2010, se editó el libro bajo el nombre de “Fragmentos”, editado por el productor de cine estadounidense Stanley Buchthal.

En el prólogo, Antonio Tabucchi escribe: “Su cuaderno negro de nombre ‘Récord’ es uno de los que contiene sus más importantes poemas, llenos de desesperación, abriendo con un grito “¡¡¡Sola!!! Estoy sola – siempre estoy sola, sea como sea… No hay nada que temer salvo el propio miedo”. Otras líneas también revelan desesperación “…¿Cómo está mi cabeza?, deprimida, loca”. Su larga temporada en el Hotel Waldorf – Astoria en 1955 es considerada una de sus épocas más prolíficas para la escritura poética. Allí escribe sin parar versos y gritos, incluso en hojas con el membrete del hotel. Se fragiliza ante un entorno hostil: “Todo el mundo lleva violencia dentro… Yo soy violenta”.

Norma Jeane Mortenson solía posar en sus entrevistas periodísticas con sus libros en mano. Hay una famosa foto con el “Ulises”. Se dice que su favorito era Walt Whitman. El listado de su biblioteca tenía exactamente 430 títulos, entre los que aparece, además, “Poeta en Nueva York”, de García Lorca.

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