Debate: ¿fue García Ferré el Walt Disney argentino?

garcia ferre

Un libro reciente vuelve a poner al creador del personaje Hijitus en el centro de la animación argentina.

Por Tamara Accorinti – Especial para Los Andes

En el cine de animación e incluso en la prensa gráfica, muchos se han referido a Manuel García Ferré como el “Disney argentino”. Lo que podemos preguntarnos es, en primer lugar, qué significa “ser Disney”: las similitudes estéticas y narrativas entre ambos existen, pero lo más destacado es, sin duda, el sistema industrial que logró construir García Ferré en el campo de la animación argentina; y, en segundo lugar, qué implica ser el “Disney argentino”, “nuestro Disney”. Hago hincapié en estas palabras porque muchos de los personajes y las estrellas del cine nacional se construyeron a partir de conciliar costumbres y personajes locales con formas narrativas, estéticas y productivas de los estudios norteamericanos (la figura de Gardel es un ejemplo significativo de esta construcción “transnacional”).

Manuel García Ferré (1929 – 2013) nació en Almería, España, y llegó a la Argentina en 1947. Apenas un año más tarde creó a Pi-Pío, personaje al que filmó en 16 milímetros con una antigua cámara Bolex y que formó parte de sus primeros cortos animados.

En 1952, Pi-Pío se convirtió en el protagonista de la historieta homónima publicada en la revista Billiken: de esta historieta surgieron muchos de los personajes que luego tuvieron sus propios programas de televisión. Entre los más significativos se encuentran Calculín (1953) –Formulín en la historieta– e Hijitus (1955), quien se convirtió, además, en el protagonista de la primera serie argentina animada hecha para televisión: Las aventuras de Hijitus (1967).

En este traslado de personajes de un medio a otro está el germen de lo que años más tarde sería el sello distintivo del director-productor, y que lo consolidaría como el “Disney argentino”: la creación de un sistema estelar de personajes animados que circulaban por los diferentes soportes de la industria cultural nacional. A raíz de esto, el cruce entre contenidos y publicidad se volvió poco nítido: la revista publicitaba la película, la película al disco y en los quioscos se conseguían, además, los pequeños muñecos de los personajes, que venían adentro de los conocidos chocolates Jack, de la marca Felfort.

Así empezaron a acercarse los mundos de Walt Disney y García Ferré, y del mismo modo que el Pato Donald, Mickey Mouse y las princesas eran los íconos de la productora norteamericana, Larguirucho, Anteojito, Hijitus, la bruja Cachavacha y Neurus eran los personajes estrella del universo animado de García Ferré,personajes que se constituyeron, en íconos de la cultura nacional.

Un Star System animado
El concepto de “estrella” o Star System proviene del campo de la teoría del cine y se refiere a un doble proceso que atraviesa el “cuerpo” del actor-personaje. Por un lado, la estrella garantiza el éxito comercial de una película, ya que el espectador va al cine atraído por la presencia de actores como Lady Gaga, Leonardo Di Caprio o Ricardo Darín. Por el otro, esta dimensión económica del Star System se combina con la identificación del espectador al universo valorativo de la estrella, ya que adopta las pautas de conducta de los personajes con los que se identifica. Así la atracción se reparte entre la idolatría y la identificación.

La construcción del Star System animado de García Ferré estuvo muy ligada a la llegada de la televisión privada a los hogares argentinos: mientras Canal 9 y Canal 13 lo hicieron en 1960; Canal 11, en 1961. La aparición de este nuevo medio provocó el resurgimiento de la animación nacional gracias a la gran demanda de personajes animados para las publicidades.

La televisión argentina tomó la idea de vincular animación y publicidad de la televisión norteamericana –también la lógica de programación–, debido a que las tres cadenas principales de Estados Unidos –CBS, NBC y ABC– habían invertido en acciones en estos tres canales privados.

Aquí comenzó el auge de las productoras de animación como M.C Films, Producciones Cses y CITECO S.R.L, entre otras. Es en este contexto que Manuel García Ferré crea a los famosos personajes Anteojito y Antifaz (1960) para jingles comerciales: a través de ellos podía publicitar, al mismo tiempo y en una misma estructura narrativa, marcas que no competían entre sí –cuadernos Éxito, zapatos Touson y pastillas DRF– y que le permitían abarcar una amplia franja de edades. En 1964, y luego del éxito cosechado con estos personajes, García Ferré emitió por Canal 9 su primer programa televisivo dedicado a la infancia: El Club de Anteojito y Antifaz (luego vendría El club de Hijitus) que seguía el modelo de El Club de Mickey Mouse. Ese mismo año lanzó al mercado la revista Anteojito, que se distribuyó en todas las escuelas.

Esta vinculación entre medios gráficos y televisión fue la que le permitió a García Ferré construir un Star System animado que se moviera entre la cultura del entretenimiento y el ámbito escolar, y que incorporara la subjetividad infantil a la retórica del consumo a través de los programas, la revista, los discos y los muñecos, entre otros ítems.

TAL VEZ TAMBIÉN TE INTERESE
“Toy Story 4″ ya es la película más vista de la historia en Argentina

Llegada al cine

En la década del setenta, García Ferré dio un paso más allá al estrenar las películas: ahora los niños podían ir a ver sus programas preferidos al cine, en pantalla grande y a color. De este modo, vemos cómo los personajes y las historias del universo García Ferré que circulaban por los diferentes medios de la industria del entretenimiento nacional fueron colmando poco a poco el imaginario infantil de esa y de muchas generaciones posteriores.

Aquí podemos ver, por lo tanto, cómo la animación garantiza uno de los rasgos centrales del Star System: no estar sujeto al paso del tiempo. La estrella no envejece. Es justamente la creación de un Star System propio lo que ha hecho que muchos consideren que García Ferré ha sido “nuestro Disney”.

Ingenuidad versus maldad

A nivel estético y narrativo, García Ferré toma como referencia para sus películas la animación de Walt Disney. Anteojito en Mil intentos y un invento (1972) y Trapito en Petete y Trapito (1975), por ejemplo, son personajes que poseen valores similares a los de las princesas clásicas de Disney: bondadosos, pasivos, sin demasiados matices y extremadamente ingenuos.

De este modo, bondad e inocencia se identifican como condiciones naturales e innatas de los personajes moralmente positivos, mientras que maldad, ambición y egoísmo son condiciones propias de personajes moralmente negativos. En ambos directores, esta oposición moral se refleja también en la puesta en escena: colores pasteles y pajaritos acompañan a los personajes moralmente positivos; en cambio, el color violeta, la oscuridad y lo desprolijo acompañan a los personajes con connotación negativa.

Sin dejar de lado el modelo estético-narrativo del director norteamericano, García Ferré inserta en sus trabajos íconos de la cultura nacional y popular como el personaje de Pucho, típico del arrabal porteño, referencias a programas populares de los años ‘60 como Sábados Circulares (con Pipo Mancera) y al pop (el cantante Donald) y referencias a los espacios más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires –de ahí la alusión a “nuestro Disney”–. En su filmografía, también hace referencia a momentos trágicos de la historia argentina: en Ico, el caballito valiente (1987), los caballos desaparecen; nadie sa
be si están vivos o muertos ni tampoco dónde están; además, la mamá de Ico usa pañuelo y emprende, junto a los animales de la pradera, la búsqueda de su hijo y de los caballos desaparecidos.

En el campo de la historieta, otro referente significativo de la cultura nacional que ha marcado la memoria de niños y niñas es Patoruzú, creado por Dante Quinterno. El autor, influido también por los largos animados de Walt Disney, realizó en 1942 Upa en apuros, un mediometraje que fue el primer intento en nuestro país de trasladar personajes de la historieta al cine y que estableció el primer cruce entre prensa gráfica y pantalla grande, convirtiéndose en el germen de lo que años más tarde consolidó García Ferré a escala industrial.

No es casual, por lo tanto, que Patoruzú haya sido uno de los personajes trasladados a la pantalla grande durante el resurgimiento de la animación en Argentina a principios de los años 2000. Ya en el siglo XXI, Patoruzú (José Luis Massa, 2004), fue un homenaje a su autor y a la memoria de las generaciones que crecieron leyendo sus aventuras. Isidoro, otro de los personajes de la historieta, también tuvo su película homónima, Isidoro (José Luis Massa, 2007).

Manuelita –personaje estelar de los años setenta– también fue homenajeada por la nueva animación argentina. El encargado de hacerlo fue nada más y nada menos que el mismísimo García Ferré, quien con Manuelita (1999) regresó al cine de animación exitosamente.

www.losandes.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>