Premios Gardel, lo que la gala nos dejó: lo mejor, lo peor y quién es Marilina Bertoldi

bertoldi jose gutierrez

La fiesta de la industria de la música nacional dejó tras su paso varios apuntes. Aquí, un perfil de quien obtuvo el Gardel de Oro.

Foto: Jose Gutierrez / Los Andes
Por Daniel Arias Fuenzalida – darias@losandes.com.ar

Los Premios Gardel pasaron y dejaron, además del honor de haberlos recibido en Mendoza, muchas impresiones: el emotivo diálogo entre la premiación y la música en vivo, el look de Cleopatra futurista de Lali Espósito, el esquivo desaire de Londra y, entre muchos desprevenidos, la pregunta de quién es Marilina Bertoldi (30), la gran figura de la noche.

Su tercer disco de estudio, “Prender un fuego”, fue el que la llevó al punto más alto de los reconocimientos de la música argentina, cuando ganó el Gardel de Oro; es decir, el Mejor Disco del Año, rubro en el que competía con nombres híper sabidos como Andrés Calamaro (“Cargar la suerte”), Los Auténticos Decadentes (“Fiesta Nacional MTV Unplugged”), Babasónicos (“Discutible”) y, con una apuesta más heterodoxa, Escalandrum (“Studio 2”).

Santafesina, rockera, lesbiana, feminista… algunas de las aristas que definen a esta personalidad contundente del rock actual. Es hermana de Lula Bertoldi, guitarrista y vocalista de Eruca Sativa. El martes, Marilina dejó muy en claro en su discurso qué significó que el Gardel de Oro de la 21 edición, además de federal, sea para una mujer: “Estuve haciendo investigaciones sobre el tema. La única mujer que ganó hace 19 años fue Mercedes Sosa. Este año se lo dieron a una lesbiana”, remarcó llena de orgullo.

Cuando habló con los medios, ya finalizada la gala, se pudo explayar más sobre sus ideas: “Fue muy importante decirlo. Estuvimos mucho en la sombra, en la oscuridad. Hay que remarcarlo ya que me considero primero lesbiana y después mujer. Muchas de las barreras que tuve en mi carrera fueron por esta razón. Levantar un premio tan importante y mencionarlo me parece que es una victoria más para todos los que esperan que aparezca alguien para tener como referente”.

Nacida en Sunchales (Santa Fe), esta rockera empezó su camino bien joven, cuando se fue a Buenos Aires solo con su guitarra acústica al hombro. “Oficialmente”, empezó su carrera como vocalista de la banda Connor Questa. Allí comenzó a dar a conocer sus canciones, que desde el principio se enfocaron en dejar un registro de su lugar en el mundo: ¿eso no es el rock?

Así es el rock que se escribe “desde los márgenes”, expresión que ella usó en el escenario. Esos márgenes que no conocen la mayoría de los rock stars. Bertoldi quiere quitarle el polvo a ese rock -masculino- que ha ido perdiendo potencia política (y musical) a lo largo del tiempo.

En este sentido, Marilina Bertoldi no duda en confrontar con aquellos que siempre han ocupado estos espacios y han ganado estos premios: “Ojalá lo ganen otros artistas que no vengan del rock, jazz o folclore. Que lo ganen los que vienen del pop, el trap, que son géneros que también existen. Sandro fue el primero y Charly lo ganó muchas (tres) veces. Pero el año pasado estuvo de más (tercero de oro para García) porque había muchos artistas nuevos que lo merecían”, dijo.

En diálogo con Clarín, apuntó con toda su convicción a los que pudieran decir que no se merece tal honor: “Si bien hubo corrección política en dárselo a una mujer, creo que me lo merezco completamente. En el año se dieron muchos grandes discos con los que si hubiese competido, estaba bien. Pero con quienes me tocó disputarlo, creo que lo merecía. Porque un gran disco del año tiene que haber generado algún impacto en un grupo de personas, idealmente que sean jóvenes, porque estamos apostando a generar más cosas o que hable de alguna temática de la que nadie lo haga. Y este es el caso. Trae algo nuevo, y lo nuevo en este caso viene de la mano del rock, es el punto en el que se empieza dar la mano con un discurso más interesante”, explicó Bertoldi, quien ya había ganado un Gardel en el 2017, como Mejor Álbum de Artista Femenina de Rock, el mismo que también se llevó antenoche, además del Oro.

Ayer, tomando en broma la pregunta colectiva, ironizó en su Twitter: “Yahoo respuestas: ¿Quién carajos es Marilina Bertoldi?”. Ella no lo respondió, pues para presentarse tiene su música. Sepámoslo de ahora en más.

Lo mejor

El nivel artístico. Como nunca se vio, en la ceremonia de entrega de los Gardel hubo espectáculos en vivo, que demostraron la altura artística y musical que tiene Mendoza a la hora de ser una vidriera para el resto del país. Tanto el trabajo del ensamble orquestal dirigido por Popi Spatacco con músicos mendocinos acompañó toda la ceremonia con creces, aportándole emoción al clima de fiesta que se vivió en el Bustelo. La propuesta colmó las expectativas del público que lo vio por la pantalla de TNT y los que asistieron a la ceremonia, disfrutando de momentos emotivos como el homenaje a Mercedes Sosa, el reconocimiento a la trayectoria con un discurso certero de Teresa Parodi, y el show de las artistas más jóvenes de la música, que con su fuerza vienen a revitalizar la escena de la mano del pop.

La organización. Otro de los puntos a resaltar es el nivel técnico y operativo de la organización. Todas las miradas estuvieron puestas en la llegada de las estrellas de la música como Abel Pintos, Ulises Bueno o Lali, que fueron lo más ovacionados. Y al momento de la alfombra roja, la ceremonia tuvo un buen nivel organizativo adentro del auditorio donde, dividido en dos partes, cada artista tuvo su espacio y pudo disfrutar del evento.

El despliegue técnico. El auditorio lució como pocas veces se lo vio. El diseño lumínico y una gran pantalla en el fondo del escenario sumaron a que el despliegue sea grande y esté a la altura de los máximos premios de nuestra música.

Lo peor

Poca onda en la alfombra roja. Aunque fue extensa, dejó con sabor a poco. Fue bastante “mesurada”. Algunos artistas sí se tomaron el trabajo de lookearse para la ocasión. Militta Bora, Lali Espósito, Abel Pintos y hasta los integrantes de Los Calligaris sí destacaron, pero en términos generales le faltó brillo, estilo y onda.

Poca accesibilidad a los artistas. El trabajo de la prensa este año estuvo repartido entre los medios nacionales, internacionales y los locales, que no quisieron perderse la cobertura. La sala de prensa estaba organizada para que los artistas ganadores pasaran por el lugar, posaran para la foto y hablaran con los periodistas. Aunque eso no ocurrió. Un simple saludo, fotos, flashes, palo y a la bolsa. Tanto los músicos que estaban abiertos a hablar con la prensa como los periodistas no pudieron aprovechar el momento, dada la rapidez con la que desfilaron los ganadores.

La presencia de Paulo Londra. El cordobés era una de las figuras más deseadas por la prensa y los fanáticos, que lo esperaron por horas en la entrada del Bustelo. Pero la realidad fue muy distinta: fue el único artista que no ingresó a la sala por la puerta principal, esquivó la alfombra roja y estuvo escoltado en todo momento por un operativo de seguridad (un tanto exagerado para la ocasión). Pero esto no fue todo, porque adentro del auditorio el trapero estuvo acompañado por varios amigos y rodeado de un grupo de guardaespaldas que impedían que tanto los fotógrafos como seguidores se acercaran a él… Su actitud esquiva con el público, el desaire a sus seguidores, la soberbia implícita y sus olvidables discursos en el escenario nos llevan a sostener que Londra fue lo más decepcionante de la velada.

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