El horror puede contener el amor

angel

Producida por Kramer & Sigman Films, Underground Producciones y El Deseo (de los españoles Pedro y Agustín Almodóvar), hoy llega a nuestras salas El ángel, película del director Luis Ortega (Historia de un clan, El marginal) basada libremente en hechos de la vida de Carlos Robledo Puch, el más temible asesino en serie de Argentina, que tras ser condenado por 11 homicidios -entre otros delitos-, lleva preso más de 46 años, cuando solamente tenía 20 en el momento de ser detenido.

Por Marcela Furlano

Con un elenco de notables como Mercedes Morán, Daniel Fanego, José Luis Gnecco, Peter Lanzani y Cecilia Roth, el filme cuenta como protagonista con el debutante Lorenzo Toto Ferro (Carlitos), quien tiene un compañero de andanzas, Ramón, personaje interpretado por el Chino Darín.

De paso por Mendoza en la gira nacional para promocionar la película, Darín charló con Escenario acerca de las singularidades de este trabajo, nuevamente bajo la dirección de Luis Ortega, director de quien es confeso admirador.

-¿Cuál fue tu primera impresión al leer el guión de “El ángel”?

-Me sorprendió muchísimo, porque conocía la historia de Carlos Robledo Puch y me parece que el lugar fácil, que cualquiera que la conozca hubiera esperado, era ir completamente para otro lado. Me pareció que de algún modo eran episodios de las aventuras de un chico en los ’70, sin juzgar en absoluto. Yo pensé que iba a ser un raid delictivo.

-¿Más sórdida quizás?

-Puede ser, pero con Luis Ortega tenés un tema que, más allá del guión, él tiene algo a la hora de filmar que levanta las historias del piso. Es un caldo de cocción que se lleva todo el jugo y lo pone en la pantalla, con todos los recursos que utiliza y por la forma de trabajar el lenguaje cinematográfico. La verdad es que me sorprendió mucho.

-La cinta se presentó en la sección “Un certain regard” del Festival de Cannes. ¿Cómo fue la recepción?

- Creo que en un punto estamos un poco cegados o nublados para ver a Luis Ortega y es una pena, por la historia real que todos conocemos. Cuando estuvimos en Cannes hicimos ronda de prensa y hablamos con un montón de gente que había visto la película y estaban muy entusiasmados y no sabían nada de Robledo Puch. Creo que hay muchas cosas que nosotros no vemos. Ellos ven elementos poéticos que él construye, ven paralelismos, ven imágenes que significan cosas para ellos. Me parece que están mucho más permeables al mundo poético y mágico de Luis Ortega y a su forma de contar.

-¿Estamos más condicionados por la historia real?

-Siempre es un condicionante. Es como cuando leés una novela y ves después la película. Pero yo considero que la historia de este tipo en manos de Luis ha tomado una efervescencia diferente y que no creo que el propio Carlos Robledo Puch hubiera imaginado nunca.

-Tampoco creo que le hubiera gustado…

-No lo sé y me tiene sin cuidado.

-¿Y qué te llamó la atención de tu personaje, Ramón?

-Ramón me sorprendió por todos lados, porque no tenía mucha idea en quién se basaba, quién era este tipo si pensamos en la historia real, aunque tratar de hacer un paralelismo con la realidad sería un error, porque puede tener elementos, cumplir el rol de algún personaje de la historia real, pero no se inscribe dentro de ninguno de los personajes reales más allá de a lo que juega por momentos. Siempre supe que iba a ir por ese lado, porque Luis antes de entregarme el libro me llamaba para decirme que estaba escribiendo este guión y que había un personaje para mí, no que le gustaría que yo hiciera de tal personaje, porque a Ramón ya le había puesto mi cara.

-¿Podemos afirmar que más que una historia policial esta película cuenta una historia de amor?

-Totalmente, y no es casualidad, siempre fue una premisa a la hora de hacer la película de que esta era una historia de amor, no es que estábamos haciendo una historia delictiva. Esto ya estaba en la etapa de ensayos, cuando ya teníamos que empezar a trabajar con el material. Luis siempre resaltaba eso y por lo menos en lo que a mí me tocaba, tenía plena conciencia. El peso de Ramón en esta historia es el vínculo que establece con Carlitos. Para mi personaje, lo primordial en esta historia era construir ese vínculo, esa relación. Todo lo demás es secundario.

-¿Cómo te preparás en el momento antes de comenzar una escena?

-Depende del proyecto y del personaje. En este caso éramos como una pequeña banda de fechorías, incluso con el equipo técnico. Éramos como los hermanos Catrasca todo el tiempo (risas). Había una cosa ahí de estar permanentemente activos y de tratar de estimularnos entre nosotros, así cortábamos mucho la tensión. Pero hay veces que necesitás concentrarte, necesitás de tu espacio, de tu tiempo y hasta te podés llegar a poner de mal humor si no lo conseguís. No es algo que considere que me haya pasado particularmente en esta película, puede que en alguna secuencia. Fue un trabajo en equipo muy grande y todos teníamos la sensación -desde el tipo del catering hasta Luis Ortega y los productores- de que estábamos haciendo un proyecto copado, distinto, grande, y nos íbamos entusiasmando con eso y envalentonándonos entre nosotros. También éramos concientes de que gran parte lo habíamos logrado construir para llegar al rodaje, sobre todo en la relación con Toto y Peter Lanzani, quien también formó parte de los ensayos, pero en particular con Toto, que es lo que a mí más me tocó curtir.

-¿Cómo construiste esa relación con “Toto” Ferro? Sobre todo porque este era su primer trabajo en cine…

-Es curioso, porque nos conocimos casi haciendo los personajes, no tuvimos tiempo de conocernos antes de empezar a laburar. Pero surgió que además de los ensayos, empezamos a irnos en el auto a tomar una birra después, o a irnos a fumar un pucho a la puerta cada vez que teníamos oportunidad y compartir ratos juntos en privado, empezar a afianzar una relación personal, nuestra, por fuera de los personajes. Ya teníamos claras las premisas del vínculo, lo que pasaba entre estos dos tipos y después pudimos afianzar una relación personal que fue nutriendo todo eso. Y Luis Ortega estaba allí, permanentemente con nosotros.

-¿Cómo lo ves ahora como actor?

-La primera prueba de cámara que hicimos, meses antes de la película -donde todavía estaba en duda de si iba a ser Toto u otro-, era un último intento de convencer a todo el mundo de que él era el adecuado. Y la verdad es que estaba muy verde. Eso lo puedo decir hoy, pero yo siempre le tuve fe porque Luis le tenía fe y eso para mí era suficiente. Si Luis Ortega, que tenía la historia en la cabeza, conoció a este pibe y se enamoró, aún después de conocer a otros dos mil pibes más, tenía que ser este chabón. Por momentos uno tiene erróneamente la sensación de que hay algo que uno puede venir a aportar. A veces, el ego nos juega malas pasadas y cree que por tener experiencia o lo que fuere lo puede hacer, pero Toto es un tipo que ha demostrado aprender muy rápido, tener mucha solvencia, mucho carácter y mucha personalidad a la hora del laburo. Por supuesto que todos estábamos permanentemente cubriéndonos las espaldas porque fue un rodaje muy intenso, y porque sabíamos que él venía de una preparación muy fuerte previa al rodaje. Hay veces que en un laburo te sentís como el culo, te sentás y laburás en ese estado, pero acá no podés. Algunas cosas las podés tomar y aplicar, pero en general tenés que armarte de herramientas para cubrir esos momentos de flaqueza o de debilidad y la verdad es que Toto fue incorporando esos elementos a una velocidad asombrosa.

-¿Cómo te estás llevando con tu otra faceta, en la productora Kenya Films, que tenés con tu papá, Ricardo, y otros socios?

-Ya estrenamos nuestra primera película, El amor menos pensado, en coproducción con Patagonik, con muy buenas críticas, y además quedamos seleccionados en el Festival de San Sebastián no sólo para la competencia oficial, sino para abrir el festival, que es un lindo agasajo para la película en un festival que queremos en nuestra familia porque nos ha recibido siempre muy bien. Estamos empezando a entender de qué se trata todo esto, porque es algo que nos lanzamos con el conocimiento previo que aporta el estar en esto desde hace rato y que nos gusta. Yo estudié cine, tenemos a Federico Posternak que es el productor de toda la vida, entonces estamos cubiertos, pero otra cosa es tener que llevar adelante una cantidad de responsabilidades que tienen que ver con la producción, con decisiones, instancias desde el desarrollo hasta detalles finales, incluso en el lanzamiento de la película, que nunca nos hubiéramos imaginado. Es distinto saber que las tenés que hacer a que te toquen. Pero la verdad es que lo estamos disfrutando.

-¿Hacer teatro es una cuenta pendiente?

-Hace unos años hice una obra y estudié muchos años teatro. Lo siento de alguna forma como algo que me debo, porque tengo ganas de hacer teatro hace mucho tiempo, pero también es cierto que cuando se me abrieron las posibilidades de hacer teatro, surgió en paralelo con la oportunidad de irme a hacer cine a España. Tuve que tomar una decisión de la que hoy no me arrepiento, pero que me costó mucho tomar. De todas maneras siempre fui conciente de que el teatro para un actor es muy nutritivo, es una escuela impresionante, pero que también es de alta responsabilidad para con el público. Asumís un compromiso y tenés que estar ahí todas las noches. En cierto sentido para mí es ideal, porque soy noctámbulo, mi energía empieza a partir de las siete de la tarde, por eso el trabajo en el teatro sería ideal. Además es fascinante el espíritu teatral y para eso Buenos Aires es la mejor ciudad.

Fuente: www.diariouno.com

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