“Emma” refleja el encuentro de “dos almas rotas” en un lugar aislado

Germán Palacios y Sofía Rangone protagonizan “Emma”, una película dirigida por Juan Pablo Martínez que se exhibe desde el sábado en el Malba y se estrenará el jueves próximo en el Cine Gaumont, y donde se plantea un tratado sobre la soledad y las relaciones humanas a través del drama existencial de dos “almas rotas” que se encuentran accidentalmente en un paraje lejano y aislado de la Patagonia argentina.

Foto: Télam

La película describe las penurias de Juan (Palacios), quien trabaja en una mina de carbón en la ciudad de Río Turbio, y de Anna (Rangone), una inmigrante polaca que sufrió la desaparición de su esposo, la única persona en el país que ella conocía, quienes viven aislados de todo y de todos.

Sin embargo, un accidente automovilístico en el medio de una ruta nevada los cruza y, a partir de ese encuentro fortuito, comienzan muy lentamente a construir una relación que les hace superar -aunque sea por un breve período en sus vidas- el profundo aislamiento emocional y la desconexión que mantienen con el mundo.

“Ese encuentro produce en ellos el contrapunto entre la soledad y la posibilidad de establecer un contacto humano. Muestra además cómo, a veces, aunque te vayas al lugar más recóndito del mundo, por un accidente estás obligado a establecer una conexión con alguien. En ese sentido, ellos son dos almas muy rotas que pueden llegar a curarse mutuamente”, explicó Martínez en diálogo con la agencia Télam.

Con Jazmín Stuart y Ezequiel Díaz completando el elenco, esta película escrita y dirigida por Martínez -cuyo rodaje se desarrolló en Río Turbio, la localidad bonaerense de Epuyén, Uruguay y Polonia- empezó a ser exhibida el sábado pasado, y se verá todos los sábados de febrero, a las 22, en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), ubicado en la avenida Figueroa Alcorta 3415.

Ganadora del premio a la Mejor Película en el Festival de New Jersey (Estados Unidos) y el de Mejor Actriz en el Festival Niza (Francia), la película surgió -según recordó Martínez- “como una necesidad de experimentación en una línea narrativa y muy visual. Empezó como un ejercicio de escritura para ver cómo poder narrar una historia sin diálogos”.

“Esa fue la premisa que me puse cuando empecé a delinear la historia. Y a partir de ahí comencé a ver cómo poder establecer relaciones entre los personajes con la idea de que no pudieran usar la palabra para comunicarse entre sí. Me gustaba mucho esto de buscar cómo hacer para filmar la incomunicación y ponerla en escena”, agregó el cineasta.

A diferencia de lo que hizo en “Luna en Leo”, un filme que rodó en 2014 y donde los personajes hablaban todo el tiempo, Martínez se planteó el desafío de hacer algo diferente: “El problema de aquella película es que estaba todo verbalizado. Por eso quise poner en juego lo cinematográfico y me propuse mostrar una desconexión entre personas que se aíslan mutuamente y tienen problemas de comunicación con los otros”.

Completada durante el mismo rodaje en base a improvisaciones, la película de Martínez muestra cómo Anna “no habla y ni siquiera lo inteta, porque se encuentra sola en ese lugar y sin conocer a nadie, ya que su único vínculo era el marido. Quería jugar con esta doble cuestión debido a la cual ella no puede expresarse, tanto por su bloque emocional como por su ignorancia del idioma español”, dijo el director.

Para darle sentido al hecho de que ninguno de ellos hablara y se comunicara sólo a través de gestos y miradas, Martínez construyó a los protagonistas “como dos especies de almas rotas que deciden incomunicarse por sí mismos. Quería mostrar que ambos eran personajes rotos con un dolor interno muy profundo. Y que, a partir de su encuentro, se van modificando entre ellos”.
Filmada elegantemente con planos largos y abiertos, sin demasiados primeros planos, para acentuar la lejanía de ellos con los demás y consigo mismos, la película puesta en escena “buscaba establecer la sensación de que ambos están parados en el tiempo y dar la idea de que el tiempo en ese espacio alejado dura más que en cualquier otro lugar. Todo lo que aparece en cada plano tenía que tener un sentido y cada imagen debía narrar la historia por sí sola, en todos sus aspectos”, agregó Martínez.
En relación a Sofía Rangone, la protoganista, el director sostuvo que “esta es su primera película, porque se volcó tarde a la actuación ya que antes se dedicaba a la medicina. La elegí porque buscaba a alguien que pudiera transmitir sin decir palabra, que sus ojos hablaran y que con muy pocos recursos expresara mucho”.
Foto: Télam.
“Era importante que pudiera encarnar a una persona rota, dolida y emocionalmente desconectada del mundo. Y necesitaba que su rostro y sus ojos contaran más que su cuerpo y sus palabras. Su forma de mirar trascendía la pantalla y eso era lo que buscábamos”, añadió Martínez sobre las cualidades actorales de Rangone.

Por su parte, el personaje interpretado por Palacios, que trabaja en condiciones insalubres en las minas de Río Turbio, “sufre los recuerdos de un pasado que lo atormenta y elige trabajar ahí como una forma de suicidio. Quería mostrar cómo él se autoimpone esa forma de condena y de ir muriendo poco a poco, aislado del mundo. Hasta que esta chica polaca lo viene a mover un poco de esa estructura”.

Fuente: Télam

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