El adiós a Nicanor Parra, el antipoeta

Música

Es uno de los máximos escritores latinoamericanos, hermano mayor de la inmensa Violeta y creador de una lírica personalísima. Tenía 103 años

Foto: AP

Nicanor Parra fue también profesor de matemáticas y física y estudió cosmología.

Iban por la tarde a verlo a Las Cruces. Allí donde vivía, solían dirigirse Matías Rivas y Alejandro Zambra a charlar acerca de la publicación del libro “Lear rey & mendigo”. Para editor y novelista, era una aventura esa conversa. A Parra no le agradaban mucho las preguntas. El creador de la “antipoesía” las consideraba “interrupciones que obstaculizan el flujo del habla”.

Ayer una carroza salió de Las Cruces, pero allí siguen abriendo ventanas las palabras, garabateando puertas, desperanzando bibliotecas. “Su poesía solo considera al lenguaje cuando está despojado de florituras y se presenta libre, suelto, atendible por el oído; o sea, cuando es plausible de ser escuchado claramente por cualquiera y mostrar, así, la voz de un sujeto imaginable tras los versos”, destaca el editor chileno.

Ahora que el antipoeta ha pasado a otro plano, a los 103 años, Matías comparte otra clave vital que aparece en “Interrupciones. Diario de lecturas”: “recuerdo con una sonrisa levemente cínica que aprendí de Parra, sin que él me lo enseñara directamente, que en las discusiones acaloradas, en los encuentros desastrosos y en los momentos de nerviosismo inútil, había que librarse de la pesadumbre por medio de una verónica. Esta palabra hace alusión a la elegante pirueta del torero cuando lo embiste la bestia y él la deja pasar con un movimiento sutil que descoloca al bruto y permite salir del peligro al artista. Nicanor Parra es un maestro a la hora de hacer verónicas: las hace, sobre todo, con sus frases agudas, con sus repentinos cambios en el diálogo o con su indiferencia chillaneja. De ahí su boca cerrada ante las cámaras cuando lo persiguen para homenajearlo, así como su actitud franca y sagaz ante sus interlocutores, por muy poderosos o miserables que sean. Tras la filosofía de la verónica, seguro que se esconde un afán por buscar la distancia precisa para poder escuchar y sobrevivir, fraguando los poemas más salvajes y conmovedores escritos en Chile desde hace más de 50 años”.

El adiós al autor

El reconocido escritor chileno Nicanor Parra murió a los 103 años, informó ayer el gobierno de Chile.

“Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ‘Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra. Mi más profundo pésame a su familia’”, dijo la presidenta Michelle Bachelet, en su cuenta de Twitter.

Considerado uno de los poetas más influyentes del siglo XX, Parra falleció ayer en la madrugada. La familia confirmó que su muerte se produjo en su casa en la comuna de La Reina, en Santiago, y no en su domicilio en el balneario de Las Cruces, en el litoral central chileno, como se había anunciado en primera instancia desde el gobierno.

Nicanor Parra, hermano mayor de la reconocida cantautora Violeta Parra, fue un escritor irreverente que revolucionó el mundo de la lengua con su “antipoesía”, género que le valió fama mundial y varios reconocimientos internacionales.

Pasó sus últimos años en su casa en Las Cruces, donde recibió a algunas personalidades como la presidenta Bachelet, con quien además celebró sus 100 años de vida.

En 2011 recibió en España el premio de Literatura Miguel de Cervantes, el más reconocido de la lengua castellana. Parra decidió no viajar a recibir el galardón, y envió a su nieto ‘Tololo’ Ugarte, un destacado pianista.

La obra irreverente de Parra es catalogada como antagonista del trabajo de su colega chileno y premio Nobel de Literatura en 1971, Pablo Neruda, con quien tuvo una relación especial.

Parra fue un hombre formado en las ciencias exactas que dio vida a una forma única de hacer poesía: una lírica llena de ironías, irreverente, antisistémica y excéntrica.
“Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne. Hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”, dijo, consciente de los convencionalismos que arrasó. “Suban, si les parece. Claro que yo no respondo si bajan echando sangre por la boca y narices”.

Su primer libro, “Cancionero sin nombre”, vio la luz en 1937 y en 1954 lanzó “Poemas y antipoemas”, con el que rompió moldes, paradigmas y esquemas.
Escéptico por formación (estudió matemática y física), jugaba hasta el extremo con el lenguaje en sus antipoesías, desafiaba los convencionalismos hasta cruzar la línea de la irreverencia y, como señalaba, escribía “para el grueso del público”.

“Como su nombre lo indica / el Capitalismo está condenado / a la pena capital: / crímenes ecológicos imperdonables / y el socialismo burrocrático / no lo hace nada de peor tampoco”, escribió en su obra “Ecopoemas”.

En sus versos usaba un lenguaje coloquial que se amoldaba a las diversas situaciones, irónico y mordaz.

También incursionó en exposiciones artísticas irreverentes, como una en que mostró a los expresidentes chilenos colgados por el cuello, y otra en la que exhibió una cruz semejante a la de Cristo, con la leyenda “Voy y vuelvo”.

Sus 90 los celebró con una exposición en la galería del Palacio de Gobierno de La Moneda, donde colgó las figuras de tamaño natural de los expresidentes. También llegó a exponer un ataúd con un manubrio en su interior y en la tapa se leía: “Por si acaso”.

Además fue profesor de matemáticas y física en una escuela secundaria y enseñó mecánica racional en la Universidad de Chile, en 1946. Usualmente antagónicas, en Parra las letras y los números se complementaban.

Algunos de sus antipoemas también se encuentran en: “La cueca larga”, 1958; “Antipoemas”, 1960; “Versos de salón”, 1962; “Obra gruesa”, 1969; “Artefactos”, 1972; “Poema y Antipoema de Eduardo Frei”, 1982; “Chistes para desorientar a la poesía”, 1982; “Hojas de Parra”, 1985; y “Poemas para combatir la calvicie”, 1993.

Entre sus muchos reconocimientos están el Premio Nacional de Literatura, en 1969; el Premio Juan Rulfo, en 1991; La Medalla Gabriela Mistral, en 1997; y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2001. En 2011 fue distinguido con el Premio Miguel de Cervantes, considerado el más importante de la lengua española, y al año siguiente obtuvo el Premio Iberoamericano de Literatura Pablo Neruda. En cinco ocasiones fue postulado al Nobel.

Aunque a primera vista Parra lucía como el perfecto izquierdista con su desgreñado cabello gris y ropa holgada, llegó a enfrentar problemas con la izquierda por algunos contactos que hizo a Estados Unidos.

En 1971 participó en Washington en un encuentro cultural patrocinado por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y junto a otros intelectuales visitó la Casa Blanca, donde fue recibido por Pat Nixon, esposa del entonces presidente Richard Nixon.

La izquierda en Chile y otros lugares como Cuba condenó furiosa esa visita. Pero Parra se negaba a ser clasificado: “No soy ni derechista ni izquierdista. Rompo con todo”, explicó en una ocasión. “La izquierda y derecha unidas, jamás serán vencidas”, dijo en otra oportunidad. No faltaron quienes lo criticaron por no pronunciarse contra la cruenta dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Parra nació el 5 de septiembre de 1914 en el seno de una talentosa y prolífica familia de ocho hermanos que incluyó a los famosos folcloristas Violeta y Roberto Parra.

En 1943 fue a estudiar tres años física en la Universidad de Brown en Estados Unidos y tras un breve regreso a Chile se trasladó a Oxford a estudiar cosmología. Fue profesor en las universidades estadounidenses de Columbia, Yale, Nueva York y Louisville.

Decenas de miles de chilenos celebraron sus 100 años leyendo el antipoema “El hombre invisible”.

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