El amor y sus cóleras en clave de clown en «Amor es nunca tener que pedir perdón»

Teatro

Los payasos Erica Ynoub y Omar Jacquier son los protagonistas y responsables de «Amor es nunca tener que pedir perdón», una ocurrente y lúcida puesta teatral en clave de clown que indaga sobre el amor y sus cóleras y que se puede ver los viernes a las 21 en Pata de Ganso (Pasaje Zelaya 3122) del Abasto.

Basada en una idea original de Jacquier y con supervisión de Enrique Federman, los dos payasos son una vieja pareja de actores que llega hasta un supuesto productor para proponerle realizar una película sobre el amor y en este juego intenso, de la presentación del proyecto y la representación de la película, van entregando claves sobre ellos mismos y el vínculo que, no se sabe, si los mantiene a flote o los hunde.

Ex integrante de los afamados Papotas, que a lo largo de tres años mantuvieron una varieté semanal en Puerta Roja que fue referencia de toda una camada de payasos, Ynoub dice que «el espectáculo surge como una idea de hacer un homenaje a aquellas películas de amor que aparecieron en los 70 y que dieron la perspectiva de que en estos asuntos a veces no hay finales felices».

«En los juegos con los que fuimos armando toda la dramaturgia del espectáculo apareció esta cuestión del malestar de una pareja de muchos años, una pareja que no se lleva bien, tiene una relación muy desgastada y se quiere mucho; una cuestión que rompe un poco con el estereotipo del clown y la ternura», asegura Ynoub.

«Lo que tiene de divertido la película es que los que la hacen son los payasos. Ellos son una pareja de cómicos, son dos aparatos que están en una entrevista intentando convencer a alguien, son también como dos pobres tipos y a partir de esto armamos toda la estructura de la obra, empezando a interrogarnos sobre una serie de cuestiones que van apareciendo en el relato», cuenta la payasa.

Ynoub señala que toda la obra «se fue construyendo desde el juego; primero empezamos a partir de la estructura y después fuimos creando en la improvisación para ir fijando determinadas cosas».

Al comienzo del relato hay una cachetada, algo muy habitual en los payasos de circo pero que podría romper cierto cliché sobre lo que se espera de un clown más teatral, en este sentido Ynoub dice que «está bueno también salir de la imagen esterotipada» y cuenta que «esta situación surgió en el juego y fue algo que nos divirtió. Es cierto que a la gente por ahí le impacta pero eso también nos gusta, que suceda eso con el público», señala.

Ynoub que conoció a Jacquier en la compañía Clowns No Perecederos de Cristina Martí y compartió con él escenario varios años, dice que en la obra «las cosas están hechas desde el clown de uno».

Y cuando se le interroga qué significa esto contesta que en la creación de la obra estuvieron «todo el tiempo buscando la vuelta para abrir la puerta para que apareciera el payaso de uno en toda su dimensión y llevara las cosas más lejos».

«Eso -cuenta- en cada uno es diferente, mi clown es a veces desbordada, fanática y como Omar me conoce él me da el juego para que en determinados momentos yo me vaya y eso estuvo buenísimo y ayudó a que la cosa de los payasos estuviera desplegada al máximo y pudieran aparecer distintos matices».

«Yo no tengo método -cuenta Ynoub-, el método es conectarme con el jugar, para mí lo importante es cuando se activa la imaginación desde el cuerpo».

«Amor es nunca tener que pedir perdón» se puede ver todos los viernes a las 21 en la sala de Zelaya 3122, en el Abasto.

Fuente: www.telam.com.ar

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