«Ya estoy solo» y «Entonces bailemos», dos interesantes reflexiones sobre el ser

Teatro

«Ya estoy solo» es una asfixiante experiencia acerca del sentido de la vida proveniente de Rosario, en tanto la porteña «Entonces bailemos», vista en otros festivales del país, revivió su eufórica visión sobre las parejas en el Argentino de Artes Escénicas, que se desarrolla en la ciudad de Santa Fe.

Paula García Jurado dirige a Elisabet Cunsolo en “Ya estoy solo”, de Romina Mazzadi Arro, trabajo del grupo Hijos de Roche, un monólogo devastador acerca de una mujer en su confesión más verdadera y descarnada frente a la soledad y la muerte.

El texto de Mazzadi Arro refiere a la filmación de una película sobre Jesucristo en un lugar indefinido, contado por una mujer de características particulares, con notorios vendajes y escoriaciones, quizá resultantes de una internación o señales de locura.

Hay un paralelismo entre la pasión del Cristo y el sufrimiento de la protagonista, que según su relato se dedica a proporcionar agua al equipo de filmación y al mismo tiempo oficia de justiciera moral de lo que pasa en el set, como si una pulsión casi erótica la impulsara a terminar con lo abominable.

Mazzadi Arro, Cunsolo y García Jurado ya habían interesado, con los roles cambiados, en «Baby Jane», vista en otros encuentros teatrales del país, y aquí descuellan en un espectáculo que ya había sido visto en el Festival de Rafaela 2014.

La acción se desarrolla dentro de un cubículo hermético, desde donde la actriz se comunica a través de un micrófono y se ve por una suerte de estrecha ventana que incluso en algún momento impide observar la acción cuando Cunsolo se desplaza fuera de los bordes.

El recurso es voluntariamente incómodo y tiene que ver con esa relación entre lo real y lo imaginado que plantea el texto, con lo oscuro y abyecto que va creciendo en la mente de la protagonista, y donde el espectador es un «voyeur» a veces interpelado con incomodidad.

Según el crítico rosarino Miguel Passarini, «se trata de un texto duro, pesado, torcido en su tránsito, lleno de atajos y vueltas al principio, en el que Mazzadi Arro ensaya una crítica cruda y mordaz al verdadero sentido del arte, y donde se pregunta cuánto está dispuesto a entregar cada uno (o a entregarse) en la hoguera de las vanidades que supone el oficio».

Por su parte «Entonces bailemos», de Manuel Flores Cárdenas, actualmente en cartel en el porteño Camarín de las Musas, impactó durante el Argentino de Artes Escénicas por la fuerza de sus imágenes y la crudeza de ciertos pasajes.

Actuada por Florencia Bergallo, Laura López Moyano, Marcelo Mininno, Javier Pedersoli y Julián Rodríguez Rona, observa a un conjunto de personas entre 30 y 40 años que se enfrentan a distintas problemáticas sobre el amor y el sexo (sobre todo el segundo).
La novedad es que del pequeño escenario porteño el elenco tuvo que saltar al mayor del Teatro Municipal de esta capital, de tipo a la italiana y donde el esfuerzo vocal y de comunicación con el público debe ser mayor, aunque salió ganando en la experiencia.

Siguió en pie la simple escenografía de Alicia Leloutre -dos colchones encimados y un dispositivo vertical para las luces principales- y tanto el director como sus intérpretes rediseñaron apenas los desplazamientos para que todo funcionara.

En ese ámbito, dos hombres y dos mujeres narran sus historias con pequeñas partes dialogadas, en las que aparece toda la fuerza de sentimientos que más que con el amor pertenecen al umbral de los celos, la posesión, el asesinato, la victimización de la mujer, la aparición de lo salvaje.

Todo ello en un ámbito que puede ser universal, incluso argentino, pero que exhala ecos de la literatura del norteamericano Raymond Carver, como sucede tanto en el teatro como en la novela de varios autores criollos.

Pese a su juventud, Flores Cárdenas tiene una frondosa trayectoria en el teatro no comercial porteño y obras como «Mujer armada, hombre dormido» se emparientan con su estilo seco, poco concesivo, aunque de gran impacto visceral.

Parte del extrañamiento de la pieza tiene que ver con ese personaje fuera de las historias, un guitarrista vestido de cowboy (Rodríguez Rona) que toca música country con la ilusión de emular a Johnny Cash.

Con un elenco impecable, capaz de sobrellevar verdaderas batallas con sus cuerpos -Mininno, gran expositor de testosterona; López Moyano, capaz de soportar maltratos físicos que sólo con gran entrenamiento se soportan-, Flores Cárdenas fue hasta el momento uno de los más felices participantes del encuentro que culmina el sábado próximo.

www.telam.com.ar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *