Un largo camino juntos

Teatro

Se conocieron en un musical de Pepito Cibrián a fines de los ‘70, comenzaron a cantar a la par y luego triunfaron como solistas. Sandra Mihanovich y Alejandro Lerner se volverán a encontrar en un escenario con la misma mística y honestidad que cuando tocaban en los pubs porteños.

Alejandro Lerner y Sandra Mihanovich se conocen desde el comienzo de sus carreras, allá por los 70. Incluso, compartieron banda. Son amigos más que colegas, y eso se nota sin ningún tipo de artificio.

– ¿Para ustedes es natural juntarse y empezar a cantar?

– Mihanovich: El nuestro es un vínculo muy espontáneo, desde siempre. Es lo más fácil del mundo. Sentimos que los dos hemos participado siempre en el espectáculo del otro como invitados. Nos pareció que era el momento adecuado para darnos este gusto. Juntarnos como si lo hiciéramos en casa pero arriba del escenario del teatro Opera, como si fuera un pub grande. Con la búsqueda de lo que necesitemos que nos haga felices. La idea no es hacer un show espectacular, sino todo lo contrario: pasa más por la emoción que por efectos especiales.

– Ustedes se conocieron compartiendo

–Sandra como actriz y cantante, y Ale como músico– en el musical “Aquí no podemos hacerlo”, que dirigía Pepito Cibrián, en 1978…

– Mihanovich: Sí, en el teatro Embassy.

– Lerner: Yo era el segundo pianista, el tecladista, encargado de las partes electrónicas. Era el moderno porque venía con los sintetizadores. Yo siempre fui muy tecnológico. Escuchaba música de jazz y fusión, y quería tener esos moods que me fascinaban. Para ser tecladista había que estar equipado. Era un valor agregado importantísimo. Tenía un piano Fender, un micro mood, un órgano Hammond.

– Mihanovich: Los dos llegábamos temprano al teatro. Había un piano de cuarto de cola allí, y Ale lo podía tocar…

– Lerner: Yo en mi casa tenía un piano vertical. En esa época ya no vivía con mis viejos; alquilaba un departamento. A los 16 había cortado con mi familia para ser músico y arreglármelas solo. A esa edad ya había grabado con León Gieco, con Gustavo Santaolalla, Raúl Porchetto, y formé parte un tiempo corto de Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre. Al poco tiempo, me armé mi propia banda, que se llamó Sólo Pororo –que era música de fusión, todos temas míos tipo Chick Corea, cosas muy rápidas y dificultosas–. Éramos muy exploradores, el hecho de que la información no llegara al país tan fácilmente como ahora hacía que uno estuviera constantemente buscando revistas –había una sola disquería que tenía este tipo de material–. Una noche, cuando yo estaba tocando solo en el teatro, llega Sandra al escenario con su bolsito para cambiarse; si no me equivoco era como una malla violeta la que tenías…

– Mihanovich: Era verde petróleo, una malla y unas medias…

– Lerner: Yo estaba sentadito en el piano, solo, y ella escucha que estoy cantando “Cuatro estrofas”. Me saluda y me pregunta qué era ese tema. Le dije que era una canción mía. Mi alma recuerda que ella me preguntó si tenía otras canciones. Y entonces ahí apareció “Mil veces lloro”, y las canciones que eran de mi intimidad.

Lerner y Mihanovich se conocen desde el inicio de ambas carreras, que comenzaron en la misma época; y en un principio, incluso, compartieron banda. Son amigos más que colegas, y eso se nota sin ningún tipo de artificio.
– ¿Vos, Sandra, ya habías grabado tu primer disco?

– Mihanovich: Sí, en 1977, porque había grabado una propaganda de Jockey con una canción de Vane –mi hermano–. Y yo era la hija de Mónica Cahen D’Anvers, y eso de tener una mamá conocida siempre despertaba cierta curiosidad: “¿A ver qué hace esta nena?”. Grabé un disco muy raro para la CBS, mitad en inglés, mitad en castellano. Yo estaba aprendiendo a cantar en los boliches y con la plena conciencia de que tenía que tener una identidad como cantante. Cuando todavía no había grabado nada, Mochín Marafioti me ofreció grabar un disco en inglés, de jazz –yo venía de una familia de esa onda–. Y dije que no, que no quería cantar en inglés. Quería que se me entendiera. El jazz me encanta pero no era algo que me iba a hacer comunicar con la gente. Entonces empecé a armar ni repertorio, y mi gran hallazgo fue encontrar a Ale. Entonces en el segundo disco, que incluye “Puerto Pollensa”, hay canciones de Lerner. Era un disco todo con hits, con “Es la vida que me alcanza” –de Celeste Carballo– y “Me contaron que bajo el asfalto” –de Fontova–. Eso generó un vínculo muy fuerte entre nosotros.

– Lerner: Y yo encontré la voz de mis canciones, que yo no cantaba porque en ese entonces era muy tímido. Y de pronto me la encuentro a ella, y era lindo escuchar mis canciones bien cantadas. Con ella, mis canciones crecían. La primera vez que yo tengo una sensación de éxito real es ella cantando mis canciones. Aparecen temas como “Cuatro estrofas”, “Mil veces lloro” y se empiezan a posicionar en clásicos de la cultura pop de los ochenta.

– Mihanovich: Armamos una banda juntos que no duró mucho tiempo porque en realidad cada uno empezó a hacer su proyecto por separado. Tuvimos una época de convivencia en los pubs, viajamos a Punta del Este, que fue nuestro gran fracaso juntos [ríe]. Fuimos juntos a trabajar y no nos vino a ver nadie. Íbamos a hacer toda la temporada y nos quedamos solo enero. Fue uno de los veranos más lindos de nuestra vida, la pasamos regio, pero fue un fracaso. Fue en el verano del ‘80. Al volver, arranqué a tocar con Vane.

– ¿Cuál era el circuito que frecuentaban para tocar a fines de los ‘70?

– Lerner: Era una época en la que no se podía salir de noche, no había festivales ni conciertos de rock abiertos. Había pubs y café concert. Sandra era la reina en esos circuitos.

– Mihanovich: Tocábamos en un lugar que se llamaba Satchmo (Agüero, entre Gutiérrez y Melo). También en The Forge, que estaba en Las Heras y Pueyrredón.

– Lerner: Eran como viejas casas recicladas con sótanos. Salvo Shams (Lacroze y 11 de Septiembre), que era un jardín de invierno.

– Mihanovich: Shams hoy existe pero no como lugar de música, sino como confitería. Es un lugar que lo inventamos nosotros: era una casa de té al principio, y tenía un piano vertical. No había una división entre nosotros y el rock, pero era más jazzística nuestra movida, más pop. El rock tenía otros boliches. Tenía más que ver con los intérpretes y con los cantautores. Tocaban Rubén Rada, Celeste Carballo, Marilina Ross, César Banana Pueyrredón. La gran explosión fue en el año 1982, con la desaparición de las canciones en inglés en la radio, que hizo como una especie de bomba nuclear donde todos los que cantábamos en nuestro idioma tuvimos la posibilidad de ser irradiados. Antes, la música era 80% en inglés y con suerte un 20% en castellano.

– Lerner: Las carreras se daban con la pirámide invertida: se empezaba de abajo, luego comenzabas a tener un poco más de convocatoria, el mismo dueño del boliche se daba cuenta de que tenías tu propio público y las carreras crecían de esa manera. Con esa base, luego llegaban las compañías discográficas.

– A comienzos de los ’80 había bastante cohesión entre los músicos locales, fueran o no del palo del rock…

– Lerner: No había tantos prejuicios sobre si era rock o no lo que hacíamos. El que cerró el festival BArock en 1982 fue Piero.

– Mihanovich: Eran los medios de comunicación en realidad los que hacían distinciones. Mi gran frustración es que nunca me hicieran una nota en la revista Pelo. Y yo estaba en los rankings que votaban los cantantes a fin de año en esa revista. Existía, pero no para que me hicieran una nota. Uno de los grandes hallazgos cuando empecé a cantar con Celeste fue conocer a los rockeros: a Calamaro, Pappo, Fito, que me demostraban cariño y respeto.

– Lerner: El rock es un rubro. El arte no tiene necesidad de ser encasillado, porque viene de lo caótico y de romper cualquier tipo de limitación y de preconcepto. En aquellos años estaba todo bien entre nosotros y los rockeros. Era una etapa de mucha bohemia, muy divertida y de muchos festivales, como Prima Rock, La Falda. Nosotros tocábamos en lugares chicos pero que tenían una mística del carajo. Eran shows largos, había mucho diálogo con el público, que estaba muy cerca nuestro y el 80% eran todos amigos nuestros al principio. Después la cosa se fue ampliando.

Fuente: infonews.com

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