La Bersuit: “Ahora estamos todos paz y amor”

Música

Redoblan la apuesta con disco nuevo. Hablan de las giras, las canciones y Cordera. Componer con el ingrediente del paso del tiempo.

Había una vez una banda que arengaba a las pibas para que subieran al escenario a mostrar las tetas al grito de Hociquito de Ratón, y eran los mismos que vestían pijamas para patear el conurbano –que conocían clarito– cantando contra infames ministros de los olvidables ’90. Un grito de furia, eran. También una barra de jóvenes que se conoció en el barrio de Barracas, y de ahí al mundo como Bersuit Vergarabat.
Pero la lógica popular no engaña, los años no vienen solos. “Ahora estamos todos paz y amor, porque venimos de tomarnos unos días de vacaciones”, avisa Pepe Céspedes antes de empezar a hablar “seriamente” del derrotero de la banda que lleva 26 años de vida y varias bajas, especialmente la de su ex líder Gustavo Codera, en 2009.

“Todos los movimientos del universo, desde el átomo más pequeño hasta la estrella más grande, vibran con ritmo, porque a fin de cuentas el ritmo es la diferencia en la vida y la muerte”. Los históricos Céspedes y Carlos Martín concuerdan en que esa frase de sir George Martin los guió en el camino de regreso como banda que se cristalizó en 2012 con La Revuelta. Ahora, dos años después, redoblan la apuesta con el honesto El baile interior, con colores de cuarteto, huaynos, ranchera, cumbia, tango, murga. Y poco punk. “Viajamos mucho el año pasado y el disco es resultado de ese descubrimiento que experimentamos en lugares muy chiquitos y especiales del país”, dicen a revista Veintitrés.

–El baile interior llega bastante pegado al primer CD que lanzaron post división. ¿Algo los apuró?

Carlos Martín: –Para nada, uno va delineando sobre el camino y de las canciones que fueron integrando el álbum, algunas se habían compuesto en el transcurso de estos dos años. Otras salieron sobre la marcha. Queríamos hacer un álbum bien diverso, con tiempo de estudio, y quedamos muy contentos porque es muy representativo de lo que nos pasa.

–¿Qué les pasa?

C.M.: –Estamos en pleno momento de movimiento, metiéndonos más en la composición, por ejemplo. Hubo un cambio de roles interesante en estos años, seguimos reformateando y rediseñando la banda, acomodando un poco todas las piezas. En ese sentido el disco está logrado. Ahora le ponemos el cuerpo.

–Se dice que el que toca no baila, pero ustedes además de bailar se disfrazaron de espermatozoides en un video.

Pepe Céspedes: –Encima somos de madera para bailar. Es un video divertido que hicimos para el segundo corte, “Me voy”. Nosotros nos habíamos imaginado otra cosa, pero el director propuso eso basándose en la película de Woody Allen, y bueno, nos pareció osado. Fue como volver a las fuentes de la Bersuit y en dos días lo vieron miles de personas por YouTube. Se ve que algo llamó la atención.

–Después de 25 años, ¿se canta para los adolescentes que fueron o para los señores que se volvieron?

P.C.: –Lo peor de tener una banda de tantos años es que viene gente con nietos y me dice que nos iba a escuchar a Cemento. Es tremendo. Hay algunas reafirmaciones punk en nuestra música, pero también cambiamos mucho.

–En los ’90 el Comfer los censuró por el contenido de una letra. ¿Cómo llegaron a ser la cortina de Señores papis?

P.C.: –“Cuatro vientos” es fruto de una vivencia familiar de Daniel (Suárez) en la que él tuvo la necesidad de expresar ese sentimiento tan grande. Lo genial es que cuando la trajo nos emocionamos, y nos dimos cuenta de que en doce discos nunca habíamos dicho “te quiero” en una canción. La historia nos conmovió mucho y tuvo tan buena repercusión que cuadró perfecto para la tira de Telefé. Se alinearon los planetas, no fue un tema hecho a pedido.

C.M.: –Si lo hubiéramos querido hacer ex profeso no salía. Hay gente que vive de eso, pero en nuestro caso no es así porque nuestras canciones tienen otro camino, nacen de otro lugar.

–¿Y el contenido político se fue definitivamente de las letras bersuiteras?

C.M.: –Ni siquiera “El estallido”, que en su momento fue un emblema, hoy cuadra. No vemos que se venga un estallido. Fue escrita tres años antes de que se viniera todo eso. ¿Quién cantaría eso hoy? Biolcati.

P.C.: –Ya no tuvimos la necesidad de hacer un disco con letras políticas; después del 2015, vemos. Ahora estamos en un tiempo que apunta a las vivencias personales, lo que nos pasó con el carnaval de Tilcara después de una seguidilla de shows, por ejemplo.

–¿Esas giras también cambiaron la intensidad?

C.M.: –Mucho, antes no parábamos, ahora llegamos cansados y lo único que queremos es irnos a dormir (risas).

–¿El tiempo ablanda a los rockeros?

C.M.: –Estamos más blandos, seguro. Estamos más viejos.

P.C.: –Depende de para qué…

–¿Para el rock se ablandaron?

P.C.: –No sé. Cantar “te quiero” no es ablandarse. Tarde o temprano hay que expresar los sentimientos, si no, te vas para el otro lado con furia. Hay edades para todo.

C.M.: –Honestamente, hay una situación particular: ya estamos grandes todos, tenemos hijos, y te guste o no, los hijos te ablandan. Si fuéramos los mismos rústicos que éramos de solteros, seríamos pésimos padres. El carácter se va forjando por las cosas de la vida y la paternidad no es una cuestión menor.

–¿Y todos esos cambios y responsabilidades tornaron el juego de la música un trabajo rentado?

C.M.: –Este es nuestro trabajo hace mucho, pero no es trabajoso hacer música. Generalmente uno lo toma como laburo cuando tenés que viajar muchas horas, pero está bueno.

P.C.: –Además, arriba del escenario te olvidás de todo, los mejores shows son esos en los que en la previa parece que nos estamos durmiendo, porque cuando subimos nos prendemos fuego.

Conservan en la cara la misma intensidad que alguna vez encendió las letras de la original Henry y la Palangana, que tras su debut en un concurso de Cemento se transformaría en Bersuit, donde confiesan haber descubierto un punto común: la admiración por Luis Alberto Spinetta, al que le dedicaron este último material. “Todos los músicos de la Argentina le debemos algo al Flaco, por haber sido tan generoso con su obra y por habernos enseñado”, explica Martín entre recuerdo y recuerdo, con el gesto confundido –de serio a risueño– al recordar cómo se hacía la rata del industrial de Barracas para zapar con los muchachos del barrio que todavía lo secundan.

–¿Cómo evocan aquellos años de la adolescencia?

C.M.: –Todo era un juego y es un poco el truco por el que seguimos acá, nos divertimos tanto juntos. Hubo muchas cosas que cambiaron con el tiempo, hoy venimos, hablamos y volvemos a casa. Antes teníamos que llamar cien veces a un diario para que nos publiquen unas líneas.

P.C.: –La primera que nos hizo una nota fue Gloria Guerrero en revista Humor. La tengo guardada todavía, fue como recibir el título de una carrera. Eso no se olvida, fue la primera vez que salimos en un medio groso.

–¿Y en estas décadas cambió mucho la industria?

C.M.: –Totalmente, el disco pasó de un vinilo a un cassette, de un cassette al CD y ahora al MP3. Lo vivimos todo.

P.C.: –También cambió la gente varias veces, en una época nos venían a ver pibes, después familias. Somos como Mirtha Legrand, ¿viste?, el público se nos renueva. Está buena la diversidad que logramos.

–¿El público cambió particularmente después de la vuelta en 2012?

P.C.: –No tanto, no los que nos siguieron siempre. Está la fantasía de que nosotros cambiamos muchas cosas pero Bersuit sigue siendo lo mismo, nos juntamos, escribimos juntos.

–¿En los años mozos Cordera no componía más?

C.M.: –Muchas de esas canciones surgían de hechos lúdicos que ocurrían en grupo. Eso es un poco lo que volvió a pasar con este disco.

P.C.: –Gustavo era uno más, la posición pública que él tenía era por comodidad nuestra. Él iba a hacer las notas porque nosotros preferíamos quedarnos haciendo cosas para el disco. Ahora no, ahora hacemos notas y aprendemos de esto todos los días.

–Después de dos años y un disco, ¿hay un balance sobre el regreso?

C.M.: –Esos años en los que se disolvió la banda, cuando nos juntábamos para la presentación del grupo de alguno, tocábamos un par de temas de Bersuit y nos pasaba algo muy fuerte con la gente. Veíamos que había algo vivo. Lo que nos unía siempre era la música y sonábamos muy bien para dejar el proyecto guardado en un cajón. Si bien la falta de Gustavo ya estaba y sabíamos que iba a ser un momento difícil para la gente, no era así para nosotros porque esa distancia ya la teníamos desde que se mudó a Uruguay.

–Cachorro López vuelve a producirlos. ¿Les sumó un poco a este estilo que se distancia del punk?

P.C.: –Trabajamos muy bien. Para él, que produce a solistas, fue una experiencia enorme. Primero se tuvo que acomodar a nosotros, creo que en este segundo disco ya estaba más habituado. Todavía no nos animamos a hacer un disco producido por nosotros, pero tal vez pronto llegue ese momento.

–Empezaron como jóvenes, irreverentes y provocativos. ¿Hoy qué define a la Bersuit?

C.M.: –Ya no tan provocativos, sólo un poquito. Algunos dirán que ya estamos viejos, pero hay algo que se mantiene en esta banda: la salida del humor por sobre los temas serios.

P.C.: –Ganamos años, pero no perdimos ni el humor ni el filo.

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