La carpa mágica

Teatro Varios

Cómo se arma el circo más famoso del mundo. Viaje al detrás de escena de Corteo, el espectáculo del Cirque du Soleil en la Argentina. Ensayos cronometrados, alegría sin la presión del público y cuerpos que desafían la física. La historia del gigante argentino que pasó del público al escenario.

Nota de Veintitrés

A las dos de la tarde la carpa está oscura. Es el último ensayo de Corteo –el espectáculo de Cirque du Soleil que se está presentando en Córdoba y llegará a Buenos Aires– y lo único iluminado es el escenario, un círculo con visión de 360 grados rodeado por butacas.

En el centro hay dos camas de una plaza y media con las cabeceras enfrentadas. Marie-Christine Menard Bérgeron, una rubia con minicalzas y musculosa, salta con un osito de peluche en la mano mientras que en la otra cama Alix Croop, una morocha con vestimenta similar, salta revoleando un almohadón blanco, como si se tratara de un pijama party o una película porno soft. Abajo, Andrey Kushernyk, un joven con short de fútbol y remera blanca, mira la escena y espera que le toque entrar en acción. El cuadro lo completa el japonés Hideto Okuzawa, que está a un costado saltando y balanceando sus brazos para entrar en calor. Cuando el volumen de la música sube, todos sumergen las manos en una palangana de talco, se suben a las camas y empiezan a practicar Bouncing Beds, uno de los cuadros más aplaudidos del show.

El cabezal de las camas es finito y aparenta ser de metal. Los acróbatas saltan de una cama a la otra, dan vueltas en el aire –varias seguidas sin tocar el colchón–, se paran en el cabezal desafiando la física y sonríen como si no estuvieran haciendo fuerza abdominal, como si el cuerpo fuera una pelota saltarina sin peso alguno. Para ellos, el cuerpo es otra cosa.

“¡Nice!”, grita Croop cuando se apaga la música y choca la mano con Okuzawa. No hay público. No es necesario sonreír en falso. La sensación que transmiten es que son felices, se divierten y la pasan bien.

La rubia Menard Bérgeron, canadiense de 27 años, se sienta en una de las butacas del público donde estamos los periodistas. Lleva tres años en la compañía y afirma que ya está “vieja para el circo”.

Tiene las piernas cruzadas y –comentario obligado– y ni un gramo de celulitis. Además, se le marcan músculos en lugares insólitos como atrás de la nuca. La misma observación podría hacerse sobre cualquiera de los acróbatas del Cirque du Soleil. Es gente que tiene tensos los 189 músculos del cuerpo.

Mami Ohki, publicista japonesa de Corteo, cuenta que los acróbatas tienen, por lo general, entre 22 y 35 años. “El resto no tengo idea. Nunca se habla de edad ni de religión”.

A las 15.15, los técnicos comienzan a preparar la escenografía para que otro elenco practique el cuadro Paradis. La función es a las 21. Todo está cronometrado de manera tal que no se puede perder un minuto. Una pizarra indica exactamente a qué hora se ensaya qué cosa.

Mientras se arma la nueva estructura, recorro el detrás de escena. De la carpa blanca central sale un pasillo que funciona a la vez de depósito. Luego se ingresa a otra carpa, donde pasa su tiempo la familia del circo. A la derecha hay un living con sillones dispuestos en semicírculo y una tele en el centro. Un atleta de unos 30 años está sentado en el piso, pegado al televisor, viendo un DVD del show. Mira una escena y pone pausa. La acción se repite varias veces. Los integrantes no hacen siempre el mismo papel, sino dos o tres, para que el cuerpo no se sobreexija y descanse. Detrás, una acróbata elonga, otra corre en una cinta de gimnasio y otros tres ejercitan con aros. Más atrás hay un ambiente separado por una cortina –abierta–. Es el espacio de los físicoterapeutas. Se ven tres camillas. En una está acostado, en cueros, Kushernyk: una de las médicas le masajea el brazo.

También hay otro sector destinado al vestuario, donde hay al menos cuatro máquinas de coser y varios percheros con trajes. En toda la función se usan 250, todos los días se lava el vestuario y lleva seis horas planchar todo. Al fondo hay baños, un comedor, lavarropas, espejos para los artistas y maquillajes.

Las estructuras tienen ruedas, se pliegan y se convierten en cajas portátiles. Pero todo es una ilusión efímera: cuando la compañía migre a Buenos Aires, acá no quedará nada. Desde las butacas hasta los lavarropas, todo es propiedad del circo y se mueve con el tour en cada gira. Adam Landry, jefe técnico del show, cuenta que utilizan 90 containers para trasladar todo el equipo: “Toma casi cinco semanas planificar el viaje. Todo se desglosa en piezas muy chiquitas y está inventariado. Es una verdadera pesadilla”. Y aunque 40 personas se ocupan del equipo técnico, se contratan 210 personas más para que colaboren con el armado en cada ciudad.

Corteo –que en italiano significa “cortejo fúnebre”– es uno de los únicos espectáculos del Cirque du Soleil donde hay tanta actuación como circo. Otra rareza es que los protagonistas son payasos. “Corteo cuenta el sueño de un payaso llamado Mauro, que sueña su propia muerte, su funeral, su cortejo fúnebre. Se supone que en los últimos momentos de la vida uno ve una película de su vida, de los momentos más lindos. Durante la función visitamos sus grandes amores, sus colegas de trabajo, su mamá”, cuenta Patrick Flynn, company manager de la gira. La idea de que los personajes principales sean payasos tuvo que ver con reivindicar el circo tradicional.

Al volver a la carpa principal, los acróbatas están ensayando Paradis, donde vuelan por el aire a una altura no apta para gente que sufre vértigo. Cada vez que tiran a una chica de una punta a la otra –como si el cuerpo no pesara–, sale polvo de las sogas. Olha Vavrenyuk, acróbata ucraniana de 27 años, cuenta que “es muy importante comer liviano. Como mucha fruta y vegetales. No consumo carne y creo que eso me beneficia a mantener el equilibrio. Hoy desayuné un jugo de naranja y una banana con avena, almorcé ensalada y posiblemente cene lo mismo”.

Son ocho artistas y algunos se atreven a volar sin sostén. Cuando eso ocurre, todos los compañeros en escena aplauden. Vavrenyuk explica: “Cuando empezamos el entrenamiento, todos tenemos el arnés y cada uno se lo saca cuando se siente cómodo. En el show nadie tiene arnés”. En 2013, por primera vez en la historia de la compañía canadiense, murió una acróbata. Sarah Guillot-Guyard cayó desde quince metros de altura al piso cuando hacía su performance. Aunque lo hagan con la contención de una red, al ver a los artistas volar por el aire sin arnés es inevitable recordar el episodio. “Cambió mucho para nosotros perder a un colega, es algo superimpactante. Y al mismo tiempo, no cambia nada, porque la seguridad está al máximo y los accidentes pasan por desgracia. Los artistas saben que el trabajo es peligroso. Intentamos crear un ambiente donde haya el menor peligro posible: se minimiza el riesgo, pero sigue siendo circo”, reflexiona Flynn.

Para el público local, el espectáculo tiene un condimento extra: uno de los protagonistas es argentino. Vitorino Luján, de 46 años y 2,08 metros de estatura, llegó al circo casi por azar. Cuando iba a ver el espectáculo de clown de un amigo entre el público, había dos productores del Cirque, y le ofrecieron asistir a una audición. Realizó una en 1998 y otra en el 2000, pero recién en 2005 tuvo un ofrecimiento concreto. Viajó a Montreal, donde le enseñaron inglés –el idioma oficial de la compañía– y luego se incorporó a Corteo. “Tenemos quince días de vacaciones cada ocho meses más o menos, aunque entre ciudad y ciudad mientras los técnicos arman todo solemos tener 6 o 7 días libres”, cuenta este gigante que es una de las mayores atracciones del espectáculo.

Cirque du Soleil es el Rolex de los circos. Brinda un espectáculo que tiene que ver con la magia, con la ilusión y con torcer las barreras físicas del cuerpo pero también con los números: Corteo lleva nueve años en escena. En la Argentina harán 28 funciones en Córdoba –hasta fines de mayo– y 60 en Buenos Aires –del 6 de junio al 3 de agosto–. Las entradas arrancan en 400 pesos y trepan hasta 1.400.

En un rato llegará el público, expectante por ver uno de los shows más grandes y halagados del mundo, sin siquiera imaginar el esfuerzo que cuesta gestar tamaña estructura. “Soñé mi funeral. Todos estábamos ahí”, dirá Mauro, el payaso principal, para dar comienzo a la función. Y durante 120 minutos, sesenta artistas dejarán todo su talento –y energía– en escena.

El público se reirá a carcajadas y pondrá cara de asombro en partes iguales.

Después, todos se irán a dormir.

Las luces del circo se apagarán y la carpa, por un instante dejará de vibrar.

Números redondos

12 Horas por día ensayan los acróbatas.

60 Artistas hay en escena.

90 Containers se necesita para trasladar Corteo de ciudad en ciudad.

3 Meses se presentará el espectáculo en la Argentina: uno en Córdoba y dos en Buenos Aires.

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