15 años de la muerte de Kubrick: el director del misterio y las controversias

Cine

Su filmografía estableció hitos que cautivaron a críticos y público, desde sus inicios hasta su opus final, Ojos bien cerrados.

Nota de Tiempo Argentino

Su cine es sinónimo de perfeccionismo extremo, pero también de misterio. Ninguna de sus 13 películas (de La naranja mecánica y Lolita a El resplandor y Ojos bien cerrados) pudo reducirse nunca a un sentido estricto, lo que le valió no poco desconcierto de la crítica, pero también la devoción de sus más fieles seguidores.

«Hay algo en la personalidad humana que se resiente a las cosas claras, e inversamente, algo que atrae a los rompecabezas, a los enigmas y a las alegorías», solía decir Stanley Kubrick, célebre director del cual hoy se cumplen 15 años de su muerte, producto de un ataque cardíaco. Y no hay duda de que fue consecuente con ese pensamiento.

«Si el hombre simplemente se sentara y pensara en su fin inmediato y en su horrible insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente se volvería loco, o sucumbiría a un entumecedor o soporífero sentido de inutilidad. Porque podría preguntarse: ¿por qué debería molestarme en escribir una gran sinfonía o luchar para ganarme la vida, o incluso amar a otro, cuando no soy más que un microbio momentáneo en una mota de polvo dando vueltas por la inmensidad inimaginable del espacio?», puede leerse en el que es quizás el mejor libro que estudia su obra: Kubrick: dentro del enigma de un artista, de Thomas Allen Nelson.

Allí, entre disquisiciones varias, el propio Kubrick aporta varias pistas de los enigmas que siempre desconcertaron y fascinaron por igual. Por ejemplo: su devoción por el futurismo y las consecuencias desoladas del «progreso humano» (en 2001: Odisea en el espacio); su mirada inquietante no juzgadora de la locura humana (El resplandor); y cierta afición sobre la perversión y los tabúes (Ojos bien cerrados, Lolita). O sea: lo no dicho tanto como lo no mostrado. «Si puede ser escrito o pensado, puede ser filmado», era una de sus muletillas favoritas cuando algún voz se alzaba contra los planteos no muy morales de sus películas. «Las grandes naciones han actuado siempre como gángsters, y las pequeñas como prostitutas», señalaba, pesimista, cuando se lo consultaba sobre la posibilidad de una paz mundial en tiempos de Guerra Fría, armas nucleares y movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo.

«El propio sinsentido de la vida fuerza al hombre a crear su propio sentido. Y si ese sentido puede ser escrito o pensado, también puede ser llevado a una película»

Nacido en el Bronx, Nueva York, en el seno de una familia judía de clase media-alta en 1928, su infancia sufrió de costado la depresión de los años ’30, ese derrumbe de los años felices de un capitalismo en blanco y negro. Amante de la fotografía y del ajedrez (una aparición recurrente en sus films: «Te ayuda a desarrollar la paciencia y la disciplina», decía), el pequeño y adolescente Kubrick era visto como «un ratón de biblioteca» no muy interesado en los asuntos del barrio, si bien muchos de sus amigos del Bronx tuvieron apariciones en sus films.

«Cualquiera que haya tenido el privilegio de dirigir una película sabe de lo que hablo: aunque pueda ser como intentar escribir La guerra y la paz subido a un autito chocador en un parque de atracciones, cuando finalmente lo conseguís, no hay placer en esta vida que pueda igualar esa sensación», explicó en una de sus contadas entrevistas (era reacio a hablar con la prensa) sobre su hacer como director, que empezó con una serie de documentales modestos en los años ’50, para pronto saltar a una filmografía de peso autoral como el que mostró con Casta de malditos (1956) y La patrulla infernal (1957).

Con Espartaco (1960) y Lolita (1962) alcanzó el gusto del gran público, mientras que con Doctor Insólito (1964) y sobre todo con 2001: Odisea del espacio (1968) y La naranja mecánica (1971) alcanzó un estatus de genio viviente del séptimo arte; una de las contadas figuras del cine a la cual se le sigue con devoción su carrera y se está atento a sus novedades.

«El propio sinsentido de la vida fuerza al hombre a crear su propio sentido. Y si ese sentido puede ser escrito o pensado, también puede ser llevado a una película», decía luego, ya en los 80, cuando su hacer fílmico había declinado pero no así su leyenda. Ni su misterio: poco se supo de sus últimos años en Hertfordshire, Inglaterra, donde vivió recluido en su mansión y con escasísimo contacto con el mundo exterior. Ojos bien cerrados, finalizada poco días antes de su muerte, fue su último legado.

Kubrick y Jack Nicholson, en el rodaje de El resplandor.
Kubrick y Jack Nicholson, en el rodaje de El resplandor.

Filmografía

Las más famosas

-Doctor Insólito (originalmente Dr Strangelove, 1964).

-2001: Odisea del espacio, 1968.

-La naranja mecánica, 1971.

-El resplandor, 1980.

-Ojos bien cerrados, 1999.

El intransigente, (por Gustavo J. Castagna)

A principios de los años noventa, trabajando en una revista de video, llegó la información de la postergación del lanzamiento de Nacido para matar porque a la productora de Kubrick –con el visto bueno de él–no le gustaba el diseño de la carátula, en especial, el casco de guerra. Así era Stanley Kubrick: controlaba todo, aun en el culo del mundo, pretendiendo no ceder nada ante los mecanismos asfixiantes de Hollywood. Cuando todavía no era tan megalómano realizó sus mejores películas, aquellas sin tantas ambiciones por marcar a fuego dentro de los géneros «un antes y un después».

La patrulla infernal, Lolita y Casta de malditos (Tarantino y sus Perros de la calle le robaron mucho) y algunos momentos de Doctor Insólito manifestaban a un cineasta más que interesante. Pero llegaría 2001: odisea del espacio con su ambición dirigida al vacío para una película grandota y grandilocuente, una especie de Gravedad de esos tiempos en versión soporífera. Y surgieron sus fanáticos que vociferan elogios para La naranja mecánica (la primera parte está bien, el resto es puro subrayado), se encandilan con el uso de luz natural en Barry Lyndon y llegan al éxtasis por el recurso del fuera de campo en Nacidos para matar. Una película menor como El resplandor, con uso y abuso de la cámara tipo steadycam, no está entre las preferidas del numeroso séquito. Hasta llegar a la última, Ojos bien cerrados, retrato sobre la insatisfacción sexual de un matrimonio burgués que Kubrick maneja con bastante astucia. Pero lo más importante de aquella preproducción y rodaje fue que Nicole Kidman y Tom Cruise fueron impedidos de hacer declaraciones hasta el día del estreno. Y así.

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