Sofía Coppola con mirada propia

Cine

El 3 de octubre se estrena en nuestro país el cuarto filme de Sofía Coppola. La dinastía familiar en Hollywood y la relación con su padre Francis. Cómo conjuga la dirección y su rol de mamá de dos hijos.

Por: Susu P. Balbona – Entrevista: gentileza Diamond Films

Ser la hija de Francis Coppola es haber obtenido un pasaje para llevar una vida cerca de las cámaras. Algo así como vivir en la geografía del cine permanentemente.

Sofía Carmina, tal como figura en su documento, nació en Nueva York el 14 de mayo de 1971 y, sin duda, su cuna marcó su destino. Los Coppola son una verdadera dinastía de Hollywood: su abuelo Carmine era compositor de bandas sonoras y director de orquesta, su abuela Italia Pennino, actriz, su primo es Nicolás Cage, y su madre Eleonor, siempre estuvo vinculada al arte y al cine.

“Mi mamá fue la que siempre nos animó a ser artistas. Pero mi padre nos empujó a ser quienes somos, a seguir nuestra propia carrera. Crecí en ese ambiente, y lo que hago ahora no es más que una extensión natural de lo que hacía con mis hermanos y con mis primos cuando jugábamos a rodar películas. Crecer con tanta gente interesante y creativa me inspiró mucho”, destaca sobre su infancia plagada de arte. Y cine, por supuesto. Ella misma cuenta que, de niña, en lugar de presentar sus trabajos escritos en la escuela, los convertía en pequeños cortometrajes.

Hija de… Su papá no esperó mucho para introducirla en la gran pantalla, cuando llevaba pañales filmó la escena del bautizo del bebé en “El padrino”, a los dos años volvió a hacerlo en otra película de la saga y luego participó en otras películas de su padre. Sin embargo, la crítica no la adoró como actriz, y el despegue de Sofía no fue ante la pantalla sino detrás, tal vez por eso es que le gusta más observar que ser observada. Pero ella “quería probar todo, por lo menos una vez”, antes de ser sentarse en la silla de director. Así, pasó por el mundo de la moda, de la fotografía, del videoclip y el de las revistas.

Como buena hija de familia italiana, la tradición cuenta, tanto que su casamiento con Thomas Mars, el cantante francés del grupo Phoenix, lo organizó en Basilicata, el pueblo desde donde su tatarabuelo, Agostino, partió en 1904 rumbo a los Estados Unidos en busca del sueño americano. Su papá Francis se encargó de llevar a los familiares y amigos para festejar la boda en esa tierra de casitas blancas y rodeada de olivares. Con su marido tiene dos hijas, Romy, que cumplirá 7 años en noviembre, y Cosima, de 3.

Su rol de mamá convive con el de directora de cine sin conflictos. “Me gusta poder hacer ambas cosas. Quiero seguir trabajando, para mí es importante ser una persona creativa junto con ser madre”, aseguró.

De ojos grandes, oscuros, mirada calma y pocas palabras, una chica más bien callada y de perfil muy bajo, alejada de lo que podría ser la exposición permanente de su familia, así como también de la estética grandilocuente de su padre. Abierta e intuitiva, su mirada construye películas mucho más íntimas y personales: “Las vírgenes suicidas”, “María Antonieta”, que tuvo un costo de 40 millones de dólares y es la película más cara que rodó, o la considerada de culto: “Lost in translation”, por la que obtuvo un Oscar al “Mejor Guión”, y en donde marca su visión personal de Tokio, ciudad a la que visitó varias veces. No atada a paradigmas, ni esquemas, para ella “es importante tener libertad creativa completa”.

15 minutos de fama. Como espectadora de cine le gusta ver película románticas, y lo suele hacer cuando viaja en avión. “Las comedias románticas son como un placer que me hace sentir culpable. Me gusta todo tipo de cine, no puedo decir que me guste un solo género. No me gustan mucho las de vaqueros o las de guerra, aunque me gusta ‘Apocalipsis now’. Me gustan mucho las películas donde la atmósfera que las rodea juega un papel preponderante, más que aquellos que tienen un relato muy estructurado. Me gusta el vagabundear de Antonioni o de ‘La dolce vita’”, comenta.

Como directora de cine no le gusta hacer “story boards”, los dibujos viñeta a viñeta de las escenas, ella tiene en claro la idea en su cabeza. “Me gusta concebir mis planos en el momento del rodaje. Tengo algunas ideas precisas para ciertas escenas y sigo fielmente el guión”, revela. Para ella su padre es su maestro y guía, no sólo porque le aportó el apellido que allanó, y mucho, el camino: “soy muy afortunada por contar con un maestro como el que tengo”, reconoce. Cuando filma una película, le muestra el guión acabado y lo consulta durante la producción y los primeros montajes, “pero el guión lo escribo sola y hago mi película, la que quiero hacer, no la de otros”.

Su último filme “Adoro la fama” (The Bling Ring), se estrena en la Argentina el próximo 3 de octubre y está basado en un caso real. Como en su anterior filme “Somewhere”, Sofía se mete de lleno en el tema de cómo alcanzar la fama y qué se hace cuando se la consigue.

Coppola escribió el guión luego de leer un artículo en la revista “Vanity Fair”. Todo sucedió en Los Ángeles entre octubre en 2008 y 2009, donde un grupo de jóvenes obsesionados con la fama llegaron a robar unos 3 millones de dólares en objetos de los hogares de celebrities, como Paris Hilton, Lindsay Lohan, Orlando Bloom y Rachel Bilson. La banda se hizo conocida en los medios como el Bling Ring.

-¿Había escuchado acerca de los robos de la Bling Ring antes de lo publicado por “Vanity Fair”?

-Me acuerdo cuando la historia salió en las noticias, pero no le presté mucha atención. Sin embargo, cuando leí el artículo pensé que parecía de película. Era increíble e involucraba a chicos jóvenes y lindos que se portaban muy mal en un mundo glamoroso.

-¿Qué es lo que más le atrajo del tema?

-Creo que lo que me atrajo fueron sus comentarios, el hecho de que no consideraran que habían hecho algo malo y de que estuvieran mayormente interesados en la fama que habían adquirido a raíz de los robos. La historia en sí parecía poner a la luz los tiempos que corren y el crecer con Facebook y Twitter.

-¿Cómo la convirtió en un guión?

-Leí las notas de una periodista y los reportes de la policía y me encontré con uno de los chicos para tratar de entender lo más que pudiera. Luego, me puse a pensar en las cosas que yo hacía cuando tenía la edad de ellos y traté de encontrar alguna relación entre sí.

-¿Por ejemplo?

-Me puse a pensar en cómo nos comportábamos cuando estábamos con un grupo de amigos, en las estupideces que hacíamos a esa edad y en la necesidad que sentíamos de ser aceptados. En cuanto a los padres, observé a la madre de una de estas chicas, que participa en un reality show de la tele, y construí su personalidad en base a lo que yo veía.

-¿Qué piensa sobre estos chicos?

-Traté de ser comprensiva y no sentenciosa. No quería decir que lo que hacían estaba bien, pero quiero que el público forje su propia opinión. No me gusta decirle al público lo que debe sentir. Lo que sí muestra es el modo en que lo cultural afecta a aquellos niños cuyas familias no les inculcan valores sólidos.

Fuente: 7 Días – Infonews

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