Patagonia wines: el nuevo perfil de los vinos del sur

Varios

El sur argentino crece y sorprende con dos terruños bien diferenciados: el tradicional en Río Negro y el más novedoso en Neuquén. Acá, 10 etiquetas recomendadas para conocer los interesantes estilos que ofrece la Patagonia.

Para muchos argentinos, la Patagonia es Bariloche, la nieve, las laderas verdes, los lagos y los glaciares de un azul helado. Sin embargo, esa Patagonia es la parte más chica en los mapas. La otra, el paisaje desértico con estepas interminables ignorado por los turistas, es precisamente donde la industria del vino ha puesto el ojo, donde se dibujan valles amplios con grandes ríos que dan vida a las alamedas, a las chacras de manzanas y cerezas y a los viñedos.

Lejos de las ciudades, en ese entorno algo inhóspito, hace poco más de un siglo se elaboran vinos tintos y blancos. Primero fue en el Alto Valle del Río Negro y, cien años después, en Neuquén. Conviene apuntar esta idea: mientras que Río Negro fue el corazón del vino patagónico en el siglo XX, Neuquén es la provincia encargada de renovar la región de cara al siglo XXI. Y esa doble raíz histórica es la que hace que existan dos modelos diferentes de vinos en la Patagonia: por un lado, el elaborado con viñas viejas en el Alto Valle y, por el otro, el que proviene de viñedos que aún no tienen quince años en San Patricio del Chañar, Neuquén.

RÍO NEGRO Y NEUQUÉN
En el Alto Valle se plantaron Semillón, Riesling y Merlot. También un Malbec cuya selección de plantas es anterior al boom actual liderado por Mendoza, que ofrece un trazo ligeramente vegetal, raro y distinguible. En total, son unas 2500 hectáreas plantadas sobre suelos profundos de textura fina. Las bodegas clave de esta zona son Humberto Canale, Infinitus, Noemía y Del Río Elorza.

Neuquén, en cambio, levantado desde la nada por Inversora SA (convertida luego en Bodega del Fin del Mundo), entre 1999 y 2005 plantó con ayuda estatal nada menos que 1500 hectáreas de vid. Hectáreas que luego vendió, llave en mano, a otros propietarios. Se comenzó a plantar en el centro del Bajo Valle del Río Neuquén, y más tarde las bodegas comenzaron a ascender con sus viñedos hacia la estepa, de modo que hoy algunos viñedos están plantados directamente en el desierto, son tecnológicos y emplean riego por goteo. Se destacan especialmente los Malbecs –de selecciones mendocinas–, el Pinot Noir cultivado con clones específicos, el Chardonnay y el Sauvignon Blanc.

El truco es que, al trepar la barda del valle (así se les llama a las laderas que definen el curso de los ríos), las vides exploran suelos nuevos y nuevas condiciones de luz y viento, dándole al vino neuquino un carácter más intenso y potente en la copa. Algunas de las bodegas destacadas son la ya mencionada Fin del Mundo, Familia Schroeder, NQN, Patritti y Secreto Patagónico.

Si bien, al igual que los vinos salteños, los patagónicos ocupan una fracción mínima de la oferta nacional, son tan característicos –acidez alta, colores profundos, buen potencial de guarda y elegancia cuando crecen en botella– que se ganaron su lugar en el mercado local e internacional. Eso, sumado al aislamiento y a su dinamismo, hace de la Patagonia un terruño en ascenso. Si querés conocer los vinos de la región más austral de la Argentina (y algunos en el límite a nivel global) tenés que apuntar a estas diez etiquetas.

Malma Sauvignon Blanc 2012 ($47). Una de las uvas que resultó reveladoras en las plantaciones de El Chañar fue el Sauvignon Blanc. ¿La razón? Para proteger los racimos del sol y del viento, se la cultivó desde el vamos en forma frondosa y en suelos pesados, en especial en los viñedos de NQN. Así se consigue un blanco típico, de aromática marcadamente vegetal donde la ruda es el principal descriptor, pero también con acidez nerviosa y tirante medio de boca. Perfecto como aperitivo.

La Poderosa Cabernet Franc Merlot 2011 ($64). La última novedad patagónica: una línea de Bodega del Fin del Mundo que rinde homenaje a la moto que usó el Che Guevara para recorrer el sur en la década del 50. Es un corte de Cabernet Franc y Merlot, dos uvas que en la región destacan, y que en conjunto dan como resultado este tinto fragante y atractivo, de cuerpo medio y con jugosa frescura. Con una linda etiqueta, es una gran opción para llevar a una cena de amigos.

Saurus Pinot Noir 2010 ($65). Cabal ejemplo de lo que se puede esperar de un Pinot Noir –está elaborado con los clones R4 y 777–, este varietal producido por Familia Schroeder combina sabor frutal, paso ligero y textura de seda a un precio muy lógico en comparación con el costo regular. Uno de los mejores del mercado por su relación precio-calidad.

Fin del Mundo Reserva Chardonnay 2011 ($80). La buena amplitud térmica de Neuquén, junto a los suelos entre arenosos y pedregosos de la zona, logran perfilar un Chardonnay fuera de serie como este ejemplar de Bodega del Fin del Mundo. Con una crianza moderada en barrica, el aroma típico –recuerda al maíz, a la miel– y los aportes vainillosos de la madera son la antesala perfecta para un paladar de acidez vibrante y final sostenido.

Humberto Canale Estate Riesling 2012 ($83). Entre las rarezas que ofrece La Patagonia, conviven algunos viejos viñedos de Riesling, una variedad de la que Humberto Canale –bodega sureña pionera, fundada en 1909– desprende este deslumbrante blanco. De un color acerado, es delicado y fragante, con una aromática que remite a flores y frutas blancas; de boca delgada y con pronunciada frescura, sostiene el sabor largamente en el paladar. La uva alemana demuestra una adaptación exquisita a los suelos densos y al frío del Alto Valle.

Primogénito Merlot 2008 ($95). Establecida por el empresario Rubén Patritti una década atrás, la casa tiene buena mano para las variedades tintas, entre las que destaca especialmente este Merlot. De un rojo profundo y con aromas que recuerdan a los frutos rojos con una marcada intensidad, al paladar despliega todo lo que uno espera de la variedad: paso algo apretado, taninos vivos y al mismo tiempo moderados, con un largo y rico final, jugoso y frutal. El vino indicado para todo aquel que descrea de esta cepa.

J. Alberto Malbec 2011 ($130). La bodega Noemía se enfocó desde un principio en obtener el mejor Malbec de viñas viejas en el Alto Valle, y ese afán dio como resultado un par de vinos fuera de serie. Al alcance de los bolsillos medios está este J. Alberto, que es su entry level, un tinto potente y delicado al mismo tiempo, cuyos aromas son francos, vegetales y frutados –aunque, aclaramos, hay que abrirlo y airearlo con paciencia para que los despliegue–. Una boca envolvente y de taninos vivos le da nervio y presencia. Rico ejemplar de la vieja guardia en materia de viñedos patagónicos.

Mantra Cabernet Sauvignon Roble 2011 ($159). En la región austral, el Cabernet Sauvignon está en el límite de sus posibilidades de madurez, por lo que sólo en buenos años logra dar vinos, aunque siempre excepcionales. Y este es el caso de este ejemplar de Secreto Patagónico, una pequeña bodega en Neuquén. Reúne una aromática compleja y frutada, con una boca de refinados taninos y sabor logrado, bien amparada en una acidez refrescante que enjuga las encías. Un tinto excelente para acompañar carnes rojas.

Verum Gran Reserva Cabernet Franc 2010 ($185). Esta bodega de Fernández Oro, en Río Negro, elabora un reducido número de vinos, pero todos estupendos. Nos quedamos con este Cabernet Franc que logró dar en la tecla del varietal. Con un ciclo más corto que el Cabernet Sauvignon, el Franc se destaca en la zona, y este ejemplar lo demuestra holgadamente. De un rojo intenso, aromáticamente ofrece fruta, con un andar ligero, de cuerpo medio y una elegancia a prueba de escépticos. Probar para creer.

Infinitus Gran Reserva Merlot 2010 ($237). La nueva cosecha de este gran tinto de la región llegó a la góndola en el mes de abril. Elaborado con uvas de viejos viñedos del Alto Valle, es intenso y musculoso –tanto por el aporte de la madera como por el de la buena uva–, con ímpetu contenido que destaca por su rica carga frutal, boca carnosa y su envolvente y jugosa frescura. La bodega Infinitus (perteneciente a la mendocina Fabre Montmayou) demuestra que piensa en brindar al consumidor un trago virtuoso.

LA PATAGONIA QUE VIENE Durante la década pasada, la vid avanzó hacia fronteras patagónicas, como La Pampa: allí la Bodega del Desierto es única en su especie, establecida en 2001 en los arenales de 25 de Mayo. Pero también se expandió hacia el valle inferior del Río Negro, llegando a Viedma, donde casas como Lapeyrade y Océano Patagonia ofrecen el costado marino del viñedo regional. Chubut es otra parada prometedora en el camino sureño del vino. En el valle medio del Río Senguer, en la localidad de Sarmiento, el empresario Alejandro Bulgheroni ha plantado Pinot Noir y Chardonnay con miras a un gran emprendimiento.

En menor escala, y con vinos que aún no demuestran el potencial de la provincia, bodega Weinert invierte desde 1999 en El Hoyo de Epuyén –al límite con Río Negro– y en Paso del Sapo. La razón para esta nueva avanzada hacia el sur hay que sondearla, por un lado, en la necesidad de terruños más fríos en el marco de un calentamiento global creciente y, por otro, en que las economías regionales buscan abrir su abanico de posibilidades.

Por Joaquín Hidalgo
Fotos: Santiago Ciuffo
Fuente: www.planetajoy.com

1 thought on “Patagonia wines: el nuevo perfil de los vinos del sur

  1. Buen día! Trabajo para Bodega Familia Schroeder y Fabre Montmayou y me gustaría contactarme con quien esta encargado de subir las notas al blog para poder mandarle mas información de eventos y presentaciones que hacemos.
    Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *