La música que escuchan todos

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Las décadas pasan, pero la costumbre de ir a locales bailables por parte de los jóvenes permanece. ¿Cómo son ahora? Tragos, música y costumbres de la nueva generación bolichera. Hay cosas que cambian superficialmente, pero mantienen el espíritu. Salir “a bailar” es uno de esos rituales que se mantiene generación tras generación, debido principalmente a su capacidad de aggiornarse a los tiempos que corren. La música, las bebidas, los nombres y la ropa cambian, pero la actividad es la misma.

Así, si en los 70 los jóvenes iban a la boite a bailar, granadina en mano, con sus pantalones Oxford y su pelo largo los éxitos de los Bee Gees pasados por el Disc Jockey en vinilos, sus hermanos menores, en los 80, fueron a la disco con ropa flúo y cabellos parados a deleitarse con el synth pop y el Cuba Libre. Para los 90, el lugar se llamaba boliche y los jeans y chombas eran el uniforme para escuchar cumbia desde los CD que poseía el DJ mientras se bebían cosas bautizadas Orgasmo de Pitufo o Séptimo Regimiento.

¿Y qué pasa en esta segunda década del siglo XXI? El local aún mantiene el nombre de boliche y los jeans y chombas aún son aceptados entre los muchachos (si bien los colores variaron hacia tonos pastel). El resto, es bastante distinto. Tomás Cabrera, de 18 años, ofreció a Ciudad1 un pantallazo de lo que se vive actualmente en la noche porteña de baile.

“Los lugares de moda son Pinar de Rocha (que sobrevive desde los 60), Apple, VIP home y Pound”, enumera Tomás, y opina que “el mejor para mí es Apple, aunque es también el más caro. La entrada sale 70 pesos”. La diferencia no es poca. Pinar de Rocha, por ejemplo, sale 40 pesos, mientras que Pound y VIP Home venden sus tickets a 30.

Con la entrada, eso sí, otorgan una consumición, pero nada demasiado elaborado. Cerveza, gaseosa o agua. Algo tranqui como para empezar. Las bebidas que más sirven los barman bien entrada la noche son champagne y vodka mezclado con bebidas energizantes. “Está de moda el champagne y el vodka Absolut”, detalla Tomás. “El champagne más barato, con dos Speeds, sale 140 pesos. El Absolut cuesta 500 y viene con cinco Speed. Eso te pone en pedo al toque. Con los pibes ponemos 100 pesos cada uno y tomamos champagne toda la noche”, explica.

Embriagarse no es el único fin de estos tragos. Además, tienen la utilidad de facilitar el contacto con el sexo opuesto. Según Tomás, “las chicas piden a los pibes que les conviden de su trago, pero ahí él dice ‘te doy a cambio de algo’. Ahí empieza el chamuyo y bueno, lográs un beso. Cambian tragos por besos”.

Bueno, ya estamos adentro, trago en mano y dispuestos a usarlo para un trueque erótico. Pero se supone que vinimos a bailar. ¿Qué es lo que está sonando, Tomás? “En Pinar pasan cumbia, tienen otra pista de electrónica y otra de reggaetón. En Apple es todo reggaetón y electrónica. En Pound hay como 8 pistas y pasan más variados”, comenta. ¿Y el rock? “No pasan rock. A lo sumo un tema muy conocido, como ‘Un poco de amor francés’, de Los Redonditos, pero al principio y no más que eso”.
¿Y cuáles son los artistas que disparan los DJ, ya sin vinilos ni CDs, sino sólo desde una laptop y una mezcladora? “Dentro del reggaetón, el más conocido y el mejor es Daddy Yankee. De ahí derivan DJ Álvarez, Farruko, Arcángel, entre otros. Sólo pasan lo más nuevo. En cambio, de cumbia pasan cosas más clásicas: Damas Gratis, Pibes Chorros, La Liga, Supermerk2. En cuanto a la Electrónica, los más populares son David Guetta, Dash Berlin, Armin van Buuren, pero de esto pasan pocos temas, más que nada los usan para cerrar, para el after”.

La música no parece muy variada y hay géneros otrora populares que hoy no tienen cabida. ¿Se bailará mucho? Nuestro joven guía confiesa: “El reggaetón tenés que saber bailarlo, y por eso los pibes no suelen bailar. Las minas bailan o perrean y el hombre se queda ahí, parado… disfrutando”.
Nada nuevo bajo el sol… o las luces estroboscópicas, mejor dicho. Ellas bailan, ellos toman e intentan levantar. Lo demás es accesorio y cambia según la moda. El gatopardismo no escapa ni siquiera a los rituales de entretenimiento.

www.ciudad1.com

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