Bruno Bettati analiza las razones del auge del cine chileno

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El productor chileno Bruno Bettati, uno de los principales impulsores del cine de su país en la actualidad y miembro del jurado de Derechos Humanos en el último Bafici, analizó las razones del sorprendente auge del cine trasandino en el mundo.

El productor chileno Bruno Bettati, uno de los principales impulsores del cine de su país en la actualidad y miembro del jurado de Derechos Humanos en el último Bafici, analizó las razones del sorprendente auge del cine trasandino en el mundo, que llegó a su punto máximo este año con la nominación de “No”, de Pablo Larraín, al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Bachiller en filosofía, productor de numerosos filmes como “El cielo, la tierra y la lluvia”, “Huacho” y “Bonsái” (que compitió en Cannes en 2011), presidente de la Asociación de Productores de Cine y TV de Chile y actual director del Festival Internacional de Cine de Valdivia, Bettati enumeró algunos motivos que llevaron al cine trasandino al lugar destacado que ocupa en la actualidad.

En una entrevista con Télam, el productor chileno ponderó además al cine argentino, a su historia y a algunos autores como Leonardo Favio y María Luisa Bemberg, pero especialmente al cine argentino joven que surgió a partir de 2001 y que, según dijo, “fue el que nos permitió soñar con nuestro propio cine, con la posibilidad de lograr algo que trascendiera la cordillera”.

¿Cómo se vive el hecho de que “No” sea la primera película chilena nominada a un Oscar?
Al igual que otras películas de Pablo Larraín, es una mirada demasiado original -ficcional- sobre el pasado reciente de Chile, y por ende es un obra de expresión artística que rompe consensos establecidos y genera nuevos debates. Presenta un director fuerte y un alto valor de producción a la vez. Pienso que el comité de la Academia la nominó como forma de hacer un guiño a lo que está sucediendo con el cine chileno, es una palabra de ánimo.

¿Cómo valorás la presencia del cine chileno en el Bafici?
Fue un gesto de nobleza del Bafici que su primer foco país fuera sobre Chile. Es la generosidad de darnos el «spotlight» para que el cine chileno pueda ser mejor comprendido por el público argentino. Da cuenta además de cierta característica que resalta de nuestras producciones: se trata de una industria ecléctica, con una diversidad de géneros, talentos y relatos. Los chilenos somos más un modo de hacer cine, y un entusiasmo, que un canon.

En términos productivos, de dónde viene y hacia dónde se dirige el nuevo cine chileno.
Hay cada vez más gente que quiere profesionalizarse en cine, hay normas laborales estrictas, hay pequeñas empresas de producción que tratan de crecer y hacer proyectos más grandes, y hay inquietud de parte de la distribución y la exhibición, que ya no puede ignorar este esfuerzo industrial de una parte importante del subsector. Aún falta la mirada sinóptica de nuestra clase política, que sigue resolviendo las carencias del sistema a base de subsidios discrecionales y no siempre estratégicos.

¿Qué cosas faltan para consolidar esta situación?
Se torna urgente contar con una puesta al día de la legislación audiovisual en materia de tributación y propiedad intelectual audiovisual. Es relevante además explorar nuevos mecanismos para financiar anualmente el sistema nacional de producción y distribución de cine. Somos un país chico y por ende podemos diseñar y experimentar la puesta en marcha de tal sistema sin enfrentar grandes riesgos financieros.

¿Y en términos artísticos?
Se observa el surgimiento del panteón: un grupo de autores-directores, que ya van en su cuarta, quinta o sexta película, en donde se trasluce ya un estilo y una mirada. Se trata de nuestros artistas audiovisuales, en el campo de la ficción, el documental y la animación, que ya tienen un mensaje claro que transmitir que influye decisivamente en los contenidos simbólicos que sostienen la integridad del proyecto-país. Debería cambiar la mirada que los chilenos tenemos para con nuestros autores. Les debemos la frescura con que sus ideas nos invitan a soñar el futuro Chile.

¿Cuáles son los motivos para este gran presente que están pasando?
Podría dar 3 razones que suceden en paralelo: la inversión sostenida del Estado a través de ayudas públicas en el subsector audiovisual durante 20 años; el perfeccionamiento de profesionales a través de ensayo y error: en 20 años estrenamos 250 películas; y la existencia de verdadero talento artístico en una gama variada de realizadores y realizadoras que con tesón logran plasmar su mirada en la pantalla grande.

¿En qué medida la experiencia argentina sirvió como ejemplo o guía para tener un cine independiente actualmente tan pujante?
El cine argentino en primer lugar inspira como industria: tiene décadas de marcha y ha pasado por diferentes etapas en forma más o menos continúa. Nosotros nos estamos planteando el proyecto industrial con seriedad por primera vez desde 1942. El cine argentino ofrece autores sumamente fuertes, cuya mirada incluso influyó al mundo: Leonardo Favio, María Luisa Bemberg, Fernando Solanas no son sólo argentinos, pertenecen al patrimonio de la humanidad.
Pero finalmente el cine argentino joven, ése que vimos aflorar a partir de 2001, logrando reconocimientos internacionales con pocos medios, fue el cine que nos permitió soñar con nuestro propio cine, con la posibilidad de lograr algo que trascendiera la cordillera.

¿Cómo acompaña el público este gran presente del cine chileno? ¿Qué cosas deberían hacerse para que la gente fuera a ver más las películas de sus propios directores?
Una primera acción ha sido explorar el ámbito de la distribución doméstica desde la agencia de promoción CinemaChile, entablando relaciones directas con los exhibidores, y explorando este 2013 con 3 películas chilenas.

Se intenta aprovechar el prestigio de la marca para aproximar a nuevos espectadores chilenos a su propio cine. Otro objetivo relevante es recuperar la ventana de la TV abierta, pues ésta continúa siendo el actor educacional más importante de Chile. Sólo así recuperaremos a la audiencia doméstica, porque el esfuerzo de mejorar la calidad y volver los contenidos cinematográficos exportables ya está logrado. Nos falta vitrina donde poder mostrarle al público chileno la gran calidad de lo que estamos haciendo.

Fuente: Télam

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