Manuel García Ferré, el hombre que definió la infancia de cuatro generaciones

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El creador de Hijitus fue el único realizador exitoso de animación en Argentina. El inventor y sus creaciones

El pasado jueves falleció en Buenos Aires, tras no poder superar una intervención quirúrgica, el dibujante, editor, cineasta y productor Manuel García Ferré. La noticia causó la reacción instantánea de miles de personas que gozaron durante décadas con sus creciones. García Ferré fue sinónimo de dibujos animados en la Argentina, el único productor de verdad exitoso de un género especialmente caro y difícil. Para por lo menos cuatro generaciones de argentinos, su nombre remite a la infancia y al entretenimiento didáctico. Pocos ignoran quiénes fueron Hijitus, Anteojito, Petete o Larguirucho, una marca que -en cantidad y calidad- sólo logró este nativo de Almería nacido en 1929 pero profundamente argentino, dueño de un poder de observación de lo popular que no todos los humoristas suelen tener.

A los 17 años, García Ferré llegó a la Argentina ya con una fuerte vocación por el dibujo. Desde entonces, consiguió trabajos en agencias de publicidad que resultaron su escuela para la estilización y la efectividad narrativa y humorística. Sus personajes parecen simples y están resueltos con pocos trazos, y su imaginario osciló siempre entre la celebración de los géneros populares de la aventura y el cuento de hadas. Más allá de su extenso trabajo en publicidad -de donde proviene la depuración de su estilo, sumado a la influencia de Walt Disney- y de su primera historieta Pi-Pío (una sátira de aventuras con un pollo sheriff en un Oeste «argentino», el pueblo de Villa Leoncia, y donde hicieron sus primeras apariciones personajes como Oaky, Calculín e Hijitus) el dinamismo de sus dibujos pedía a gritos la realización en el dibujo animado.

Una de las características centrales de García Ferré consiste en que su trabajo está plenamente orientado hacia lo infantil: es raro encontrar referencias al mundo adulto, aunque si se revisan sus primeras historietas y el ritmo de obras como la serie Hijitus, que se realizó entre 1967 y 1974, con muy exitosas reediciones e incluso un estreno en cines, se hallará que al diseño de cuento infantil se le agrega un ritmo similar al cartoon americano clásico, sintético y lleno de humor físico. A eso hay que sumarle un trabajo de gran depuración en los diálogos, que siempre sonaron auténticos, y que por eso mismo permitieron que la obra del realizador se exportara con éxito tanto al resto de América Latina como a Europa.

Hijitus no fue, de todos modos, el primer personaje animado exitoso, sino Anteojito, que nació como una creación publicitaria que, más tarde, se volvería más famosa que los productos que vendía. Gracias a la popularidad, desde mediados de los sesenta García Ferré comenzó a publicar la revista infantil Anteojito, que tomaba como modelo la Billiken donde el dibujante se había iniciado con Pi-Pío, pero le agregaba una carga didáctica mayor, con artículos escolares sobre casi cualquier tema. Cuando desde mediados de los años setenta comenzó con los cortos televisivos de Petete, donde el muñeco de goma espuma modelado por el mismo autor difundía conocimientos de cultura general, también publicó los fascículos coleccionables de El libro gordo de Petete, una obra de consulta y lectura que marcó también a una generación completa. Sus ediciones (que incluyeron también la revista Ser padres hoy y la licencia de Muy Interesante) mostraban su interés específico por el entretenimiento como vía de educación.

El humor y lo educativo no dejaron de estar presentes en lo que se puede considerar, sin dudar, lo más importante de su trabajo: los seis largometrajes que, desde 1973 y hasta 2012, logró estrenar en los cines; salvo el último -Soledad y Larguirucho, que contaba con mucho material de acción en vivo combinado con dibujos- todas obras en animación, un campo arduo y caro. A pesar de ello, esas películas fueron muy exitosas incluso si llevaban mucho tiempo de trabajo. A la inaugural Mil intentos y un invento (1972, con el protagonismo de Anteojito), le siguió la enormemente exitosa Petete y Trapito (en realidad, solo Trapito, pero como los cines consideraban riesgoso estrenarla, le agregó un prólogo con el ya entonces exitoso muñeco y gracias a ello logró entrar al circuito, siempre desconfiado de las películas nacionales de ese calibre) en 1975. Y aunque desde fines de esa década había comenzado a trabajar en Ico, el caballito valiente, recién logró estrenarla en 1987. Probablemente sea su mejor película, una mezcla de humor disparatado, cuento de hadas tradicional y obra de aventuras que obtuvo varios premios internacionales, entre ellos el del Festival de Moscú. Pero para una nueva película hubo que esperar hasta 1995, cuando estrenó su film más exitoso, Manuelita, que llegó a ser seleccionada por la Argentina para competir por los Oscar. La película superó los dos millones de espectadores y se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine argentino, e incluso hoy es un título obligado a la hora de mostrar películas a los más chicos. Más tarde, en 1999, llegaría Corazón-Las alegrías de Pantriste, menos exitoso pero igualmente con más de un millón de espectadores.

Recién en 2012 lograría terminar Soledad y Larguirucho, el único film que puede considerarse un fracaso comercial en su carrera, y fue su primer y único ensayo del realizador en la combinación de acción en vivo y animación. A su larga carrera en el cine, hay que sumarle su importante trayectoria en la televisión, con programas como El club de Hijitus (Canal 13, 1967-1972), El club de Calculín (1977-1979) o El club de Anteojito y Antifaz (1982-1984) así como micros como Los chistes de Larguirucho, El dragoncito Chipy, Don Ecológico y El Patriarca de los Pájaros, todos con muñecos e ilustraciones producidos especialmente y que fueron material de exportación. La marca que ha dejado García Ferré en el imaginario argentino es indeleble, un hombre que apostó a la aventura y la fantasía como formas de la educación del niño.

Por Leonardo M. D’Espósito
Fuente: http://www.diariobae.com/

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